¿Quién es el Maestro Mehir?

Este es el testimonio y visión de un discípulo de Mehir,  instructor de la Escuela El Cántaro. Sin divinización. Con mente y corazón en el relato.

Maestro Mehir

Voy a tratar de expresar lo más escuetamente posible cual es la enseñanza del maestro Mehir, y también hablar sobre sus orígenes, ya que hoy en día se han dicho tantas aberraciones y mentiras amarillistas acerca de él y de su Escuela, es decir, nosotros.  Y como han dibujado tantas mentiras, en nuestra página web hemos encontrado un medio para publicar nuestras minuciosas investigaciones al respecto, y dejar al descubierto los verdaderos móviles de este complot nefasto, a pesar inclusive de los constantes intentos por acallarnos.

La gente se pregunta: -”¿Quién es Mehir?”,  y yo, instructor de esta Escuela, voy a responder: Mario Indij -Mehir- es un maestro de formación oriental desde sus inicios, ya que desde los 4 años de edad comenzó a ser adiestrado por su maestro, Satoshiro, en una rama tradicional del grande y antiguo arte marcial del Kung-Fu, que es sabido es madre de todas las corrientes de artes marciales posteriores, como el karate, taekwon-do, etc. Satoshiro adiestró durante largos años a sus dos pequeños hijos, Saiana y Masaru, junto al joven Indij, a quien crió en la tradición marcial con el mismo fervor con el cual enseñó a sus propios hijos (es antigua tradición que las artes marciales permanezcan en el ámbito familiar casi exclusivamente, junto con sus métodos, técnicas y filosofía). Junto con las prácticas del arte marcial -que incluye pugilismo a manos vacías, armas tradicionales y arquería- , su maestro le transmitió todo el espíritu de la tradición marcial, el Budo-Sei-Shin, y más tarde las técnicas de meditación y el San-Mitzu o triple misterio, la médula de las enseñanzas esotéricas chinas y japonesas de la antigüedad.

A la edad de 12 años aproximadamente, Mehir ya había adquirido la formación completa en el arte marcial. Y así fue que esta férrea disciplina y austeridad propias de la educación marcial, la trasladó más tarde a cuanto ámbito circunscribía: desde sus estudios científico-filosóficos de la Filosofía Perenne o Magna Doctrina y de las religiones, hasta el ejercicio del arte de la música. Ya de joven era un guitarrista excepcional y ha llegado a ser segunda guitarra en el conjunto del célebre músico de tango, Adolfo Verón, hasta  los 17 años de edad.

Y así fue creciendo, día a día, en diversas ramas que usualmente suelen encontrarse en personas distintas, y no en una misma persona: el artista marcial -motriz-, el artista -emocional-, el científico -mente concreta- y el filosofo -mente abstracta-: Su enseñanza ya había dado sus mismos cimientos, es decir, una enseñanza cosmopolita que atiende todas las necesidades del alma humana. Sus días pasaban entre un ascetismo estricto, y una disciplina rigurosa. Solía juntarse a entrenar junto con los iniciadores de las actuales escuelas de artes marciales, que en aquellos años (década del ’60 – ’70) estaban recién instalándose en la Argentina: los primeros maestros del actual karate-do, del taekwon-do, y del judo en nuestro país. Todos eran almas respetuosas y entusiastas; Mehir a veces nos contaba cómo solían juntarse a “compartir técnicas” amigablemente en el viejo gimnasio de barrancas de Belgrano de Buenos Aires, en el barrio chino, donde comenzaron las arte marciales en nuestro país, importadas por familias orientales ansiosas por nuevos horizontes. Y siempre decían al verlo entrenar, señalándolo: “Arte antiguo…”

Pocas palabras y mucha disciplina: ese fue el sello que le dio su maestro y las artes marciales, algo propio de la pedagogía del oriente.

Cuando pasó la mayoría de edad, realizó sus viajes por Oriente, Israel y Egipto, entre otros lugares. Y particularmente en Israel fue iniciado en antiguos misterios de conocimiento, así como en la profunda y sabia psicología de los antiguos. Cuando retornó, ya no era el mismo: ahora era Mehir, y era, por supuesto, un educador de vanguardia.

Su hermana -actualmente su discípula-, siempre cuenta cómo Mehir era, de joven, de contextura más bien menuda, era flaco y muy fibroso, al estilo Bruce Lee. Pero cuando volvió, tenía un ancho pecho y espaldas grandes: todo el porte de un noble. Mehir nos lo explicaba: su alma había nacido al idealismo. Su hermana, al leer todas las difamaciones realizadas en los medios sensacionalistas  acerca del “gurú” Mario Indij, dijo en alguna página web, haciendo memoria de su propia madre: - “Para mamá, también era “Mehir…”

Y así trascurrieron unos 30 años de enseñanza permanente. Durante más de 20 años, el Instituto Yen, tuvo sus puertas abiertas en Buenos Aires y miles de personas gozaron de los beneficios de las disciplinas que allí se impartían, destinadas al desarrollo armónico del hombre y de la mujer. Yo tuve la fortuna de conocer el Instituto, y a través del mismo, a Mehir. Durante 6 años fui instructor del arte marcial en el instituto en Buenos Aires, y es enorme la lista de personas que vi beneficiarse con el método de esta Escuela.

Con respecto a la enseñanza de Mehir, esta es muy amplia, pero a la vez muy simple y clara. Es inmensa, pero a la vez “esencial”. Puede darle entusiasmo a un joven, reflexión madura a un adulto, y fe y esperanza a un anciano. Sin embargo, el avance en la Escuela fue y es medido siempre de esta manera:  si se creció en amor, si se creció en ética, si creció en responsabilidad de los deberes más esenciales. Más simple, imposible. Lo menos especulativo posible.

Se valora muchísimo más una persona honesta, que atiende sus deberes, que alguien que haya acopiado un cúmulo de “conocimientos” de los libros, o alguien que bate récords en el arte marcial, o en la música.

Para resumir la Enseñanza, podemos resumirla en tres pilares:

  • Ciencia de la Energia –orientada a sanear el cuerpo.
  • Escuela de Juglares –orientada a sanear las emociones, el alma.
  • Alquimia psicológica –orientada a sanear la psicología a través del conocimiento de los nudos o herida psicológicas, y los métodos de trascendencia de la propia conflictiva.

Trabajando sobre los distintos aspectos de la estructura ternaria del ser humano, los resultados obtenidos son más reales y más sólidos que trabajando unilateralmente en algún centro aislado, como la mente, o trabajando tan solo con el cuerpo con métodos físicos, como el yoga, o creyendo que uno va a “realizarse” tan sólo por alimentarse de forma vegetariana, por dar unos ejemplos. En esta enseñanza, la única “varita mágica” es el propio entrenamiento, los propios esfuerzos.

Nuestros días están hechos de entrenamientos, estudios, el cumplimiento de los deberes, prácticas internas de meditación. Todo esto en ámbitos agradables y armónicos. Se busca la impecabilidad en todo. La autocrítica y la objetividad para con uno mismo, signan los avances en el camino, que es la vida.

También tenemos un campo muy hermoso en las afueras de Carlos Paz, lugar donde realizamos eventualmente los seminarios y los estudios acerca de los distintos aspectos de esta Enseñanza.

Con respecto al arte marcial, tiene un espíritu no-competitivo y no-violento, cosa que es cada vez más rara de hallar hoy en día. Lo primero que se enseña: “El enemigo no está afuera, sino dentro”. La finalidad: el auto-perfeccionamiento. La vestimenta tradicional, es la misma que se usa desde hace milenios en China, de color negro, representando el Tao, es decir, el origen de todas las cosas, aquello que existía aun antes de existir los pares de opuestos ó la tensión de polaridad, motor de los mundos, que en el universo se manifiesta como el principio activo y el principio pasivo, hombre y mujer, y en el fenómeno del arte marcial, como ataque y defensa. Se enseña en los niveles más avanzados, que la danza marcial que cada uno debe lograr, es la danza del Tao, llamada desde hace siglos, “Tao-Chuan”, el boxeo del Tao, es decir, el logro de una habilidad superior en la cual no existe más el antagonismo de ataque-defensa, la dualidad irresoluble, sino un todo unificado llamado Tao, que se expresa en dos polos al manifestarse: yin y yang.

En la Escuela no tenemos espíritu sectario, sino todo lo contrario. Prueba suficiente de esto es nuestro libro de cabecera: “El Cántaro del Aguador”, que reúne la filosofía y las enseñanzas de los 8 principales profetas que han dirigido el destino espiritual de esta humanidad en los últimos 5 mil años, y que unifica y concilia las enseñanzas de las principales religiones de Oriente y Occidente en un todo armónico, como un gran mapa que fuera reconstruido para iluminar los principales interrogantes del alma humana.  ¿Acaso existe algo más cosmopolita e incluyente que esto? Podemos rezar con un cristiano, orar en una mezquita con un judío, peregrinar a la Kaaba con un musulmán, meditar con un taoísta… Siempre que se haga con sincera fe y buena voluntad, las apariencias que separan a los hombres y que han causado tantas guerras, se esfuman. El Creador del Universo y del hombre, es Uno solo. Pero los caminos espirituales son muchos, debido a que justamente las inclinaciones y temperamentos del alma humana son variadas. Por eso existe la libertad de culto, o mejor dicho,  debiera existir, ya que lo que está sufriendo la Escuela El Cántaro es una clara prueba de la violación a dicha libertad, la cual es un derecho constitucional.

Podría seguir escribiendo tomos y tomos acerca de la Enseñanza, o acerca de mi maestro y las experiencias vividas, pero no es este el momento ni el lugar. Ya que mi intención es, como instructor de esta Escuela, y con la responsabilidad que ello me mueve, narrar la profunda ética y humanitarismo que siempre movió a esta Escuela. El maestro Mehir, no sólo es inocente de lo que se lo juzga, sino que es una persona de un nivel excepcional capaz de trasmitir una enseñanza inmensamente valiosa para las generaciones presentes y futuras. Yo soy una persona cabal, responsable, y doy fe de esto. Esta es la razón que me movió a escribir este relato, sacado de mi más pura experiencia a lo largo de 14 años junto a él. Si tuvo que partir, es simplemente para quedar resguardado de todo este abuso. Me he encontrado a menudo con que muchos ciudadanos no comprenden este punto, pero luego de interiorizarse acerca de cómo está procediendo la supuesta “justicia”, acerca del procedimiento adoptado con una mujer inocente como lo es la señora Miriam Macias, me confiesan que evidentemente Mehir se anticipó e hizo lo más inteligente que por el momento se podía hacer: ponerse a resguardo de una tendencia feroz que tan solo quería destruirlo impiadosamente. Es lindo ver como la gente comprende, libremente, desde su sano juicio.

Es mi certeza que Mehir va a retornar como corresponde. Me pregunto yo: si fuese el monstruo que han pintado, ¿cómo se explicaría toda la ausencia de pruebas luego de 5 meses de allanamientos y robos sistemáticos a nuestras casa y propiedades? Si tuviésemos el cerebro lavado y fuésemos de una secta destructiva, ¿por qué no nos han hecho los peritajes psicológicos correspondientes para que la verdad sea constatada?  Y si esta supuesta ley “anti-sectas” va a proceder de este modo… yo diría que hay que mudarse a otro país para seguridad de nuestros hijos, porque estamos entonces en un país muy peligroso, que viola los derechos humanos enmascarados en una ley con fines supuestamente buenos. ¿Habrá sucedido en realidad que hay poderes que se han visto amenazados en su ejercicio nefasto por grupos que parecen vivir más plenamente, más libremente, como nuestra Escuela? Dejo al perspicaz lector sacar sus propias conclusiones. No hubo forma de dar a conocer en ningún medio (Telefé, Clarín , la Voz del interior) nuestra verdad, nuestra realidad, nuestra voz. No sólo que no era lucrativo (según palabras del director de Telefé Noticias), sino que bastó un extraño llamado telefónico al celular de este tal director, para que la entrevista no saliera al aire. A mí hay algo que no me huele bien. Y no es el Señor Indij ni la señora Macias ni la Escuela El Cántaro. No. Hay algo “sucio” y “turbio” detrás de los poderes judiciales, policiales y mediáticos, que están digitando todo este ataque injustificado. Una vez más: dejo al lector ávido de justicia sacar sus propias conclusiones…