Bosquejos de Libertad

Maestro Mehir

La suprema libertad aún no se nos ha convertido en necesidad absoluta. De sentirnos impulsados hacia esa meta, tendríamos que encaminarnos una vez más por el sendero del arte sin artificio. Tendríamos que dar el salto hacia el origen para que vivamos desde la verdad, como quien se ha identificado íntegramente con ella. Tendríamos que volver a ser alumnos novicios, tendríamos que vencer el último y más escarpado tramo del camino, pasando a través de nuevas trasmutaciones. De salir airosos de esta aventura, entonces nuestro destino se consumará en el enfrentamiento con la verdad no refractada, la verdad que está por encima de todas las verdades, el amorfo origen de todos los orígenes: la Nada que lo es todo, la Nada que nos devorará y de la cual volveremos a nacer.

Allí donde hay un espíritu de Dios, hay libertad, dicen las Escrituras Santas. Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres, dijo Jesús el Cristo. La libertad es el fin de la existencia del hombre exiliado de Dios; es en lo único en donde su derecho y su deber pueden ser reconciliados; en esto consiste su personalidad y autonomía, y éste solo tomándolas a ambas, lo hacen capaz y digno de la inmortalidad.

Para liberarse de la esclavitud de las pasiones, de la tiranía de los prejuicios, de los errores de la ignorancia, de los males del temor, y las inquietudes del deseo, es el trabajo de la vida. Es una cuestión de ser o no ser. El hombre libre es solo un hombre; los esclavos son animales o niños.

El hombre libre puede no desear nada pero él es quien es bueno, porque todos los hombres malos son esclavos. La libertad del hombre es la gran obra de Dios; para esto permite a un infierno ser cavado afuera, y a la sombra horrible del demonio que hasta hay que elevar al cielo. Es por esto que en la quietud más que majestuosa de la divinidad; prefiere los dolores de la humanidad maldita.Dios aspira a la cruz del malhechor y a las voluntades, para no ser un déspota que maltrata la omnipotencia, para conquistar, por el sufrimiento, el derecho de perdonar la rebelión.

El hombre siente su dignidad elevada cuando quiere ser libre. La emancipación, la libertad, son la palabra final de los símbolos. Jesús descendió al infierno para matar la esclavitud de la muerte. Un día, solo la muerte habrá muerto; todas las maldiciones serán malditas, y sola la maldición condenada. Dios otorgará el perdón a todos a causa de los meritos de uno. Dios causará el bien para triunfar, y el mal será destruido.

El momento vendrá cuando se verá que no hay ninguna libertad verdadera sin religión, ninguna verdad de la religión sin libertad, pero actualmente la religión y la libertad parecen mutuamente excluirse y luchar una contra otra. Como la religión, la libertad tiene sus mártires, y la libertad negará la autoridad a condición de que la autoridad deje de negar los derechos de la libertad. La libertad no es dada, es tomada. Si la autoridad ¿legítima? pretende imponernos silencio, tenemos nuestra lengua, la conciencia es inviolable, porque sencillamente es divina. Es en la conciencia donde puede existir una realización absoluta concreta del hallazgo de la libertad.

Desde su cuna el hombre está sometido a las necesidades tiránicas, y él, debe sostener durante toda su vida esta cadena de los empeños que la sociedad y la naturaleza se pasan imponiéndole. La verdad y la justicia son las maestras austeras, y el amor que se nos enseña es a menudo, un déspota cruel. Para el que no es rico tiene las necesidades de la existencia; no hay ninguna alternativa entre el yugo del trabajo y la miseria. Los que se llaman los poderosos y los felices del mundo tienen otros enemigos y otras cadenas. Son esclavos de su orgullo y no son hombres libres.

La libertad es el placer pleno de todos estos derechos que nos sugieren un deber. Es por el cumplimiento del deber que los derechos son adquiridos y preservados. El hombre tiene el derecho de hacer su deber porque está encadenado para preservar sus derechos. En el Individuo la devoción es solamente una sublimación del deber. Un hombre puede consagrársele a otro, pero no ser su esclavo; puede pignorar su libertad, pero no puede enajenarla sin una especie de suicidio moral. Un hombre puede consagrarle su vida al Triunfo de un ideal, pero reservarse siempre el derecho de la expansión mental y a una devoción a más digno
Objeto. Quien no entienda esto, nunca habrá entendido nada y se quejará siempre de haber sido alienado o usado. Hiere menos el orgullo, declararse víctima que aceptar la realidad de la propia ignorancia.

¿En qué momento del camino ante la prueba Dios se nos transforma en diablo y ante la entrega el diablo se nos vuele Dios? Un voto perpetuo es una afirmación de lo Absoluto en el Semejante, del Conocimiento en la Ignorancia, de lo Inmutable en lo perecedero, de la contradicción en todas las cosas. Son falsos lo votos perpetuos hechos desde la emoción sin comprender. Siempre conducen a un arrepentimiento basado en la autocompasión.Los votos son verdaderos cuando son hechos por sujetos de la fe y solo son el resultado de la gracia sobrenatural. Tales votos están vacíos antes la naturaleza, pero en el orden sobre natural son consagrados e inviolables.

El matrimonio también es un compromiso perpetuo que la naturaleza no siempre ratifica. Por consiguiente sigue también la severidad justa pero inútil de la moralidad y del deterioro de las costumbres. Por consiguiente sigue el contraste perpetuo de las lágrimas y la sangre de la tragedia conyugal, y la alegría inagotable de los cuentos y de comedia. Debemos hacer lo que deseamos, cuando deseamos lo que debemos. ¡Es la ley de la libertad! En otros términos, cada hombre tiene el derecho a hacer su deber, pero el primer deber del hombre es determinado en el primer mandamiento de Decálogo. Toda otra supuesta libertad es capricho y el capricho es la elección de los necios.

El deber siempre atropellará al que procure evitarlo, pero saldrá al encuentro con amor al que lo cumpliere; porque la voluntad de la razón reina por encima del capricho del hombre. Los encargos arbitrarios, los favores, los privilegios, la cólera, la negación, el perdón, pertenecen solamente a la debilidad del hombre.

La infancia; debe tener sus historias absurdas y sus juguetes sensacionales. Debe tener sus muñecas automáticas, sus animales que se desplazan por el mecanismo. Pero el niño romperá muy pronto a estos últimos para ver lo que hay dentro de ellos. Y así rompe la humanidad después de todo todas sus religiones infantiles. La religión verdadera es la religión eterna.

La piedad verdadera es la piedad que es independiente. La fe verdadera es la fe absoluta que explica todos los símbolos. Dios verdadero es Dios de la razón, y su culto verdadero es amor y libertad. Dios no es más el gigante, invisible, fantástico, solitario, escondido en las profundidades insondables del cielo, es entre nosotros, es en nosotros, fue nacido de la mujer, es un bebé del que a través de los gritos del recién nacido recibimos noticias suyas, una juventud que piensa y ama, un proscrito que lucha y sufre, un pensador libre que protesta y tiene que exiliarse, un reformador quien conduce fuera a los compradores y a vendedores en el lugar santo, el hombre puro que perdona a la mujer adúltera, el médico que cura, pero igual el hombre enfermo que espera, el paralítico que surge y camina, el ciego que abre sus ojos.

El hombre no tiene ningún derecho a matar al hombre, excepto en la defensa legítima. La ejecución de un criminal es una desgracia de la guerra en una sociedad desarmonizada y enferma.

Soy un hombre, y nada humano puede ser extraño para mí. Es lo que Dios dijo a la gente en el espíritu en la revelación cristiana.
“Dios es la libertad, el hombre comprenderá a Dios, y merecerá ser Libre.”

Manuel