Carta abierta a un Necio

El Dr. Héctor Navarro es un ciego perseguidor de sectas, que no distingue entre un líder destructivo y un maestro. Entérese cómo piensa el nuevo Poncio Pilatos.

Señor Navarro,

¿Leyó el texto que retrata a los “zoofistas” a lo largo de la historia? ¿Logró verse en el espejo? Lo extraño, lo sé, es que usted se siente orgulloso de tan detallada descripción del hombre que todo lo reduce a su escueto entendimiento. A mí, por el contrario, se me revuelve el estómago de saber que es gente así, tan ignorante, la que a lo largo de la Historia siempre detractó las verdades objetivas alejando así al hombre de su camino evolutivo. Mi consuelo es la certeza de que en la ley de Dios todo está contemplado, incluso los destructores del conocimiento como usted, Sr. Zoofista Navarro.

Y sé que para usted es motivo de orgullo porque es de los que me dirían a mí, buscadora eterna de la verdad, algo como “te podría dar mil datos y enseñanzas para que te vuelvas escéptica como yo”, como un “maestro ciruela” del arte del escepticismo. Pero sé que esos “datos y enseñanzas” serían sacados de Wikipedia; mientras tanto, los discípulos de un sabio como Mehir recibimos verdadera enseñanza, conocimiento objetivo que fue transmitido silenciosamente generación tras generación desde el fondo de los tiempos por quienes intentaron e intentan preservar siempre la verdad, el amor y la fe sobre la faz de la tierra. Muy a pesar suyo, se los llama “iniciados”. No son seres sobrenaturales ni extraterrestres, sino hombres que han emancipado su Voluntad a fuerza de trabajar sobre sí, perseverar en lo recto y, sobre todo, de esfuerzos concientes. Pero, ¿qué podrá comprender un dormido que se jacta de su sueño sobre el esfuerzo “conciente”?

No lo conozco personalmente pero me he cansado de leer sus pensamientos brutales (de bruto, grosero) y sé que hasta la gente que usted pretende “ayudar” (Lombardi, E. Slutzky, Lavallén, Kogan, etc.) están avergonzados de su verborragia incoherente e incontinente. Es una pena que hayan encontrado un defensor tan dispuesto a dejar la vida por su causa y que tenga tan pocos recursos válidos para hacerlo… aunque por ser yo defensora de Mehir, me alegro secretamente de que así sea.

No entraré en debates absurdos con usted sobre la existencia de Don Juan, los atributos del señor Gurdjieff, la legitimidad de Pitágoras como matemático y como iniciado, etc. Aunque admito que su teoría sobre que el I Ching se forjó en tiempos en los que predominaba el machismo y que de ahí se desprende que el Libro de las mutaciones “le adjudique al hombre todo lo mejor y a la mujer todo lo peor“, me ha movido a risa. Lo dejo con esta inquietud para que investigue por sí mismo el tema, pero por favor no lo haga en Wikipedia porque es poco serio, y no haga más eso de reducir la Magna Doctrina a sus límites de interpretación, mucho menos si ésta es meramente literal. Atrévase, vuele en el caballo alado de las ideas (me aventuro a escribirle este giro poético a riesgo de que una vez más haga una interpretación textual y crea que lo invito, tal vez, a un parque de diversiones).

Usted dice tener muy clara la diferencia entre religión y secta destructiva y puede estar en lo cierto. Pero estoy segura de que usted no tiene ni idea de cuál es la diferencia entre secta destructiva y escuela de conocimiento. Es más, estoy muy segura también de que no sabía ni que existían estas últimas. Ignorantes como usted que hasta son ignorantes de su propia ignorancia, resultan como monos con navaja para una sociedad que vive una fuerte crisis de valores y que necesita sí o sí evolucionar. Y las escuelas de conocimiento ofrecen justamente el contexto y los métodos propicios para ello.

Pero además de ignorante usted es mentiroso. Desconfío completamente de sus supuestas “buenas intenciones”, es más, me consta que no son tan buenas como dice. Usted dijo tener un sentimiento profundamente caritativo y que por ello estaba dispuesto a presentar un escrito pidiendo la libertad de Miriam Macías, porque le daba mucha pena su situación. Mentira: no sólo jamás presentó ese escrito, sino que Miriam no hubiera ido injustamente presa si usted no hubiera “adiestrado” a María Kogan en el arte de la retórica sofista para que su testimonio dejara entender que Miriam era una delincuente, aunque esto no fuera cierto. Usted forzó los testimonios de estas mujeres y así las convirtió a ellas en cómplices de su tremenda falta de comprensión, y lo desvirtuó todo.

Hasta el menos preparado de los discípulos de Mehir puede enfrentarse con usted en un debate y dejar en ridículo sus teorías “seudo racionalistas”, y no al revés como usted cree. Usted considera que las personas son dignas de respeto, no las ideas. Yo considero que las ideas que responden a una verdad objetiva son dignas de respeto, y por ley de simpatía, también son respetables aquellas personas que las encarnan. No todas las personas son dignas de respeto. Dígame, Navarro, ¿qué personas son dignas de respeto para usted? ¿O acaso lo son todas, incluidas las que mienten en una declaración, las que arman una trama con el periodismo y la fiscalía para mandar preso a un inocente, las que inventan un delito de abuso sexual que jamás existió para disfrazar una persecución ideológica?… En ese “caso al azar” ¿usted también cree que los conspiradores son respetables?

Sin embargo, en algo sí estamos de acuerdo: ambos creemos que las maravillosas historias ocultistas, que prometen grandes revelaciones e iluminaciones pueden ser muy atractivas, pero luego uno encuentra que son mera purpurina. Aunque, finalmente, nuestros caminos se separan una vez más: no toooodas son sectas destructivas, no toooodo es mera purpurina. Ahí es donde usted todo lo aplasta al mismo nivel. Existen las escuelas de conocimiento, como la de Mehir, en las que no caben las promesas de grandes revelaciones e iluminación. En nuestra escuela trabajamos internamente sin promesas externas. ¡Ojo con la literalidad!, no vaya a decir luego que esto es una prueba de reducción a la servidumbre, porque con “trabajo interno” me refiero a los esfuerzos voluntarios que cada uno hace en su propio interior en pos de la evolución de su alma, la retracción de los rencores, de la ira, del orgullo, de la mentira y la verborragia compulsiva… nada que ver con lavar platos durante 48 horas y cosas por el estilo.

Por lo tanto, sepa usted que las tres mosqueteras mienten cuando dicen que Mehir les ofreció sexo a cambio de la iluminación. Es una atrocidad, ya que él siempre instruyó que la propia evolución únicamente se consigue por méritos objetivos personales. Ojalá fuera tan fácil y placentero iluminarse.

¡Ay, Navarro! Si llegara a darse cuenta de que usted toma una idea, la mastica como si fuera un chicle para luego escupir cualquier cosa sin ninguna lógica… ganaría tanto camino. Valga un ejemplo: usted da a entender que en la escuela de Mehir (“la secta”) se lava el cerebro de la gente quitándole las creencias y valores morales previos y se le meten nuevas escalas de valores. Pero usted jamás conoció a nadie previamente de haber estado en la escuela. Yo le cuento mi experiencia, que es muy distinta a masticar una idea como chicle: a mí Mehir no me quitó ninguna creencia, de hecho llegué a la escuela pulsada por mis creencias más íntimas y pude confirmarlas aquí, depurarlas, separar el trigo de la cizaña (tarea a la que todavía debo dedicarme), perfeccionarlas. Luego, mis valores morales previos, es cierto, variaron bastante al conocer al maestro… comprendí mejor y llevé a la práctica muchas cosas que antes solamente intuía: trabajé y sigo trabajando sobre la mentira, la indiscriminación sexual, la dignidad, el altruismo, el ejercicio intelectual e innumerables aspectos que todos deberíamos trabajar como un compromiso para mejorarnos y mejorar el entorno. No me “iluminé”, todavía, pero sí obtuve muchos avances en relación a la moral verdadera, que dista mucho de la seudo moral en la que usted habita. Mi nueva escala de valores es, puede dar fe cualquiera que me conoce de antes, mucho más sana.

Yo no creo que usted sea un ambicioso materialista, seguramente no lo mueva el dinero, insistentemente usted se ocupa de aclarar que no cobra un peso por esto. Sin embargo hay otro móvil y es lograr una jurisprudencia respecto a esta lucha enferma que usted se planteó fervientemente contra “las sectas”, unificando todo en el mismo engrudo: la secta destructiva y la escuela de conocimiento, la verdad y lo que parece verdad. Y ese móvil poco inteligente, sin discernimiento es lo que lo está haciendo errar el tiro. Usted podría hacer algo grande: luchar contra las sectas destructivas verdaderamente, porque que las hay las hay. Pero valiéndose del apoyo de una escuela de conocimiento que le proveería los argumentos verdaderos para su lucha. Es una pena que usted esté equivocando su estrategia y quiera destruirnos, podríamos ayudarlo mucho.

Finalmente, le aconsejo que no indague más en Internet los principios objetivos del esoterismo, no continúe echando agua al vino, no perjudique a toda la sociedad leyendo porquerías. Remítase a las fuentes originales o haga un seminario con el Maestro Mehir.