Carta de la Médica

Hace algunos años, siete para ser más exacta, tuve el honor de conocer al maestro Mehir, y digo “tuve el honor” porque por vez primera pude dar con un ser que no sólo tenía tan nobles y altos ideales humanitarios, sino que los hacía carne en su propia vida, en sus acciones cotidianas, en su relación con todos aquellos que lo rodeaban, intentando perfeccionarse cada día, siendo intransigente consigo mismo, buscando y defendiendo la verdad, el honor y la honestidad en su enseñanza.

Entregado plenamente a la tarea de educador, no vi que viviera más que para enseñar a sus discípulos, mediodía y noche. Absolutamente todos los días de todos los años, no existía nada más para él que la enseñanza a sus discípulos. Tal es la nobleza de la que está envestido, tal es la adhesión a sus verdaderos ideales y tal la fuerza de su corazón y de su amor.

Dos años después de egresar de la facultad, luego de recibir el fuerte impacto de la realidad que acontece en la medicina actual, de la frialdad con que se atiende a las personas en los hospitales, de las negligencias médicas que se cometen por el egoísmo y falta de amor al prójimo, del comercio que implica la medicina, donde lo más ausente es la contención y la intención de curar al otro, llegué a esta escuela de conocimiento, donde los valores y los fines eran los del verdadero humanitarismo, y entonces, no tuve ni tengo dudas, con todas mis facultades mentales en orden, elegí y elijo libremente dedicarme en esta escuela a aprender a ser un ser más humanitario, más amoroso, más contenedor. Sé que a partir de ahí voy a poder ejercer otro tipo de medicina y de ser otro tipo de madre, otro tipo de mujer.

Hasta ahora los títulos, diplomas y cursos, no he visto que enseñaran otra cosa más que una fría ciencia escéptica y el modo de obtener dinero más rápidamente jugando con la salud de las personas. Creo que primero deberíamos todos aprender y enseñar a ser más humanitarios.

En esta escuela, me fue dada la oportunidad de aprender que existe otro tipo de medicina, más natural, menos invasiva. Aprendí que se está enfermo antes de estar enfermo, antes de que cualquier enfermedad, y más aún una enfermedad terminal, se manifieste, y que si uno aprende a ver los signos en la forma de pensar, en el manejo de sus emociones, en el manejo energético, en la forma de alimentarse, a lo largo del tiempo, hay mucho que se puede hacer para que las enfermedades no se manifiesten. Aprendí también que no hay que agredir y bombardear el cuerpo físico con medicamentos, pues estos se convierten en toxinas iguales o peores a las fabricadas por nuestro propio cuerpo, y que si fuera estrictamente necesario utilizar medicamentos, habría que utilizar los medicamentos más inocuos, con menor cantidad de efectos adversos.

Aprendí también a sanear mi cuerpo por los medios más naturales posibles a través de un correcto entrenamiento físico y energético que estimule al cuerpo a liberar las toxinas productoras de enfermedad y a través de una correcta alimentación.

Hace un mes y medio los medios de comunicación inescrupulosos, arengados por un grupo de ex discípulos infames, lanzaron una campaña de difamación contra la figura del maestro Mehir y nuestra escuela de conocimiento, llenando los periódicos y titulares de los noticieros, con mentiras, inventos sobre enfermedades sexuales, sobre abusos sexuales, sobre drogas, sobre uso ilegal de la medicina, manejos psicológicos, lavados de cerebros y vaya a saber cuántas otras cosas ridículas más inventaron y van a inventar para llevar adelante este siniestro.

Conocemos perfectamente el grupo de personas, si se las puede llamar así, que realizó esta difamación, con nombres y apellidos, son precisamente aquellos que se retiraron de la escuela por inmorales y deshonestos. Se trata de un grupo de gente que a pesar de toda la enseñanza que el maestro les ha dado, no pudieron revertir su proceder y su forma de pensar. Tampoco obviamente pudieron escuchar ni aceptar semejante verdad, e invadidos por la ira y el orgullo herido, simultáneamente avalados por algún adinerado detentador de poder y un falso poder judicial que ve una sabrosa oportunidad para enaltecerse, tramaron esta vergonzosa infamia contra un ser de talla tal como la que rara vez pueda encontrarse otro, y de inestimable valor para aquella cultura y aquella sociedad que quiera algún día esgrimir verdaderos valores humanitarios de vanguardia.

Ha sido una exposición horrible la que han hecho sobre la figura del maestro y sobre la mía como profesional. Desde que ingresé a la escuela estoy al tanto de cualquier desequilibrio fisiológico del maestro y puedo decir clara y conscientemente que sus manifestaciones patológicas nunca han pasado más allá de un resfrío, una simple congestión, y en estos dos últimos años, por el largo correr del tiempo sobre su cuerpo exigido toda la vida en el entrenamiento físico y en las interminables horas dedicadas a la enseñanza, sufre de hipertensión crónica y su corazón se encuentra más débil y cansado.

Asímismo, es reticente a ingerir medicamentos y debido al excelente cuidado de su cuerpo, de su energía y su alimentación y los esfuerzos que realiza a diario para ejercer control sobre sí, rara vez ha llegado realmente a afectarlo. Es muy claro para mí ver como la energía curativa gestada por su disciplina y su alto nivel de voluntad gestan un dominio tal sobre su cuerpo, que esta afección en su sistema circulatorio no impide que lleve su vida a cabo con pleno ánimo y entereza.

Por todo esto y por mucho más, puedo decir que el maestro jamás padeció ni padece de ninguna enfermedad de tipo infecciosa, ni venérea ni de ningún tipo en ninguna parte de su cuerpo, y nadie que pertenezca a la escuela, presenta síntomas ni es portador de semejante enfermedad. En la escuela, alguien que pudiera llegar a contraer semejante enfermedad, estaría denotando una bajeza moral tal de su ser, que debería cuestionarse el motivo que lo condujo a dicha instancia e intentar con total sinceridad revertir ese cuadro, de lo contrario se alejaría completamente de la enseñanza.

Si alguna o algunas de estas “mujeres ofendidas” alguna vez presentó dicha patología verdaderamente la contrajo antes de ingresar y sinceramente no habla muy bien de ellas. Igualmente tampoco sus consultas han sido atendidas por mí, porque de inmediato hubiera otorgado los consejos pertinentes. Así que creo que sus mentiras van a tener que ser más ingeniosas, porque las que dijeron hasta ahora no son creíbles por alguien que tenga un mínimo de inteligencia y sepa corroborar adecuadamente que las declaraciones de esta gente no son ciertas. Por supuesto que tampoco son ciertas las declaraciones sobre prescripción de mi parte, mucho menos ansiolíticos. Por el contrario, en la escuela se propicia una vida sana, lo más natural posible, libre de cualquier sustancia tóxica, estimulando todo aquello que favorezca la salud del cuerpo, y el pleno desarrollo del alma y el espíritu.

Entonces pregunto, ¿de qué se nos está acusando? ¿Por qué nos persiguen? Aquel que lee nuestras notas y tiene dos neuronas, sabe y puede darse cuenta de qué se nos acusa y por qué nos persiguen. Para nosotros es muy claro. Se nos persigue por pensar, por pensar verdaderamente, por buscar la verdad, por exponer verdades que para esta sociedad estructurada y ensombrecida serían interpretadas como una amenaza cuando en realidad son una vanguardista filosofía “curativa” para el ennoblecimiento y enriquecimiento de la cultura. Somos verdaderamente, la orquesta de bombos y platillos en una sociedad donde todos se tapan los oídos con los dedos y nadie, o mejor dicho muy pocos, están dispuestos a escuchar.

Es claramente una persecución ideológica sanguinaria en la supuesta “Argentina de la libertad” libre de la dictadura, la que se está realizando contra la escuela. ¿Al manejo de este tipo de justicia esperan que se haga accesible el maestro? Para ser detenido y encarcelado ¿por qué? ¿Por ser un hombre de bien, honorable, justo y sincero? ¿Por ser un educador de vanguardia? ¿Para ser apresado como Miriam Macías y demorando muchos meses en una cárcel, sin tomarle declaración, haciendo que se pierda el expediente, hasta que se les ocurra qué excusa puede servie para mantenerla detenida? ¡No!

Ruego a Dios que todo lo contempla que el maestro no vuelva más a este país y estoy claramente convencida de que si este caso no se resuelve con la debida justicia y coherencia todos los ciudadanos deberíamos sentir vergüenza del mismo. De igual manera, vergüenza debería sentir el poder judicial por permitir al fiscal de turno y a quienes lo rodean, tan grotescos errores en el manejo judicial, que hasta para alguien dotado de poca inteligencia y con poco conocimiento de los pormenores judiciales, le son obvios.

Pido resolutivamente que los verdaderos jueces y políticos de honor, de los cuales sé que quedan muy pocos, otorguen justicia a este caso, retiren el pedido de captura injustificado del maestro Mehir y la liberación de la inocente señora Miriam Macías.

Ana