Directo a la cárcel y sin derecho a la defensa II

¿Acaso el concepto de “persuasión coercitiva” que tiene tanta resonancia intelectual académica no es la retraducción neo-positivista del antiguo y medieval concepto de “hechizo”?

En la Edad Media miles y miles de personas fueron condenadas a la hoguera porque se ligaba arbitraria y subjetivamente lo que le  sucedía a un sujeto que presentaba síntomas psicóticos o paranoides, con otro sujeto que por sus conductas, que tal vez no obedecían al rígido parámetro temeroso y supersticioso del modelo imperante, parecía ser  el supuesto causante de los síntomas del primero. La supuesta “víctima” (lease: sujeto incapaz de hacerse responsable de sus propias perturbaciones anímicas) “proyectaba” el enemigo o causante mágico de sus trastornos en otro y ese otro era quemado en la hoguera por ser representante del diablo y haber realizado un hechizo.

La ciencia antropológica del siglo XX  que comenzó a reconocer las características específicas de la mente primitiva, llamó “participación  mística” a una forma de pensamiento mágico en la mente inmadura que no puede desligar las categorías de sujeto-objeto, y que hace que esta mentalidad primitiva atribuya las causas intrínsecas de un fenómeno a factores externos. “La piedra es un demonio porque al caminar me tropecé con ella”. El dolor de la herida recibida no es atribuible al hecho de que el sujeto fue torpe o distraído al caminar, sino a las cualidades diabólicas de la piedra a la que se atribuyen poderes mágicos activos y malignos.

Este mismo fenómeno de la mente primitiva puede ser observado en la conducta inquisidora medieval, que por ejemplo podría dar el siguiente cuadro: Una mujer muy erótica, para el parámetro de moral convencional castradora de la Edad Media que consideraba el sexo como diabólico, es considerada como “hija del diablo” ya que supuestamente causó el pánico y los síntomas fóbicos de un monje al que sin duda “hechizó”.  Por lo tanto, esa mujer sentenciada como bruja debía ser quemada en la hoguera.

Esa característica de la mente primitiva que no puede desligar el sujeto del objeto, aplicada a los fenómenos psicológicos que todavía subsisten en nuestra psique, se traduce como incapacidad de responsabilizarse de las propias perturbaciones internas proyectando la responsabilidad de nuestras reacciones conflictivas en “el otro”, un culpable afuera, con la consiguiente incapacidad de manifestar una conciencia soberana e independiente de los estímulos externos. Vivimos muy a menudo en esos estados de conciencia “proyectivos” rechazando el mundo y las circunstancias externas en una postura egocéntrica que nos convierte en niñitos justicieros y enojados que no quieren hacerse cargo de sí mismos.

Este tipo de conductas de la mente primitiva justificaron la muerte de miles de inocentes quemados en la hoguera. Las sentencias eran sin posibilidad de defensa y avaladas solamente por la subjetivísima sospecha de haberse cometido un “hechizo”.

Ahora lo llaman “persuasión coercitiva”. Se habla de víctima, negando toda posibilidad de libre elección o libertad individual para ejercer la propia voluntad, negando la capacidad de evaluar y discernir, de asentir o disentir, de decidir o rechazar, etc., es decir, considerando que el individuo tiene anulada la capacidad volitiva y de inteligencia discriminativa, porque el sujeto está “sugestionado”, “hipnotizado”, “persuadido por el temor”, es decir: “hechizado”.

El hechizo entonces debe ser juzgado. El causante del mal, es decir, de la propia psicosis o paranoia, es “otro”, “yo soy una “niña indefensa” que debe ser protegida de fuerzas externas malignas…” ¿Se imaginan una ley basada en estas premisas?

El estado debe protegerme como un Gran Padre que decida por mí qué es lo bueno y lo malo. “Por favor, Padre Estado, no soy libre ni conciente ni tengo autodeterminación ni capacidad de discernimiento,

Voten por mí, hagan por mí, protéjanme de mis propias decisiones erradas, ya que no fueron tales, sino un “hechizo” diabólico al que estuve sometida por años. En definitiva, maten al hombre del que me enamoré, encarcélenlo, destrúyanlo, porque si no, se potencian  mis síntomas fóbicos y entro en pánico…”

Ahora… ¿cómo hicieron estas 3 mujeres con trastornos psiquiátricos para persuadir a la justicia de que ellas eran víctimas y un sabio inocente era el culpable? Se acusa al maestro Mehir de haber “abusado sexualmente” de ellas durante años en reiteradas ocasiones y se esgrime que ellas consintieron pero en realidad no fue su voluntad porque estaban “coercionadas psicológicamente”, es decir, “hechizadas”. ¿Cómo persuadieron a la justicia para que con estos testimonios coincidentes, fraudulentos y enfermos se le dictara orden de captura a un inocente? ¿El fiscal habrá sido hechizado por estas mismas mujeres?

Un psicólogo  positivista conductista que no admite la existencia del “inconciente” (porque no puede ser observado en un microscopio ni pesado ni medido ni susceptible de ser analizado en un laboratorio químico) considerará que todos los trastornos en la conducta provienen siempre de la incidencia del afuera, de la sociedad, de los otros. Entonces los individuos deben ser protegidos de la posible incidencia negativa en sus conductas. De esta ideología escéptica pseudo cientificista a la negación de las libertades individuales hay solo un paso.

Qué extraña alianza entre el pseudo cientificismo escéptico que pretende ser objetivo y el subjetivismo supersticioso extremo de la mente primitiva de la inquisición medieval… Una extraña alianza que se hace grupo internacional anti-sectario en Ravics, incidiendo en la legislación de muchos países, promoviendo leyes inconstitucionales que niegan los derechos humanos elementales a la libertad ideológica, de creencias y culto. Como la ley anti-sectas aprobada en la Legislatura cordobesa y que va a dar el marco a una sentencia mediática sin juicio a un hombre completamente inocente. Una ley que da el contexto adecuado para que un fiscal corrupto busque actuar de justiciero para reequilibrar su imagen pública previamente dañada por juicios por corrupción… Una ley que avala y da los fundamentos falaces para que tres enfermas psiquiátricas sean instrumentos de su  “Inquisición interna” y lleven a la hoguera a un sabio porque las “hechizó”.

Ahora… ¿el peritaje psicológico a las supuestas víctimas de abuso sexual por coerción psicológica lo van a hacer los psicólogos conductistas de RAVICS? ¿Y nosotros, los cientos de discípulos de la escuela El Cántaro no podemos dar testimonio de la verdad, o sea, un sabio va a ser condenado sin defensa alguna? Esto se asemeja mucho a cuando un tribunal de la Santa Inquisición, sin posibilidad de defensa alguna por parte del acusado, dictaminaba unánimemente y condenaba a la hoguera a Galileo Galilei, Giordano Bruno, etc.

A este sistema aberrante no lo podemos llamar “Justicia”, sino “Santa Inquisición” retrógrada, fascista, discriminadora y dictatorial.