El odio de los calumniadores

El alma humana está regida por arquetipos o modelos abstractos de integración que se dinamizan creando distintas funciones en la psique. En este sentido, hay personalidades más o menos integradas, acorde a su grado de actualización y desarrollo de estas capacidades esenciales. Cuando un arquetipo es obstruido en su manifestación e integración funcional, crea un nudo o estancamiento anímico que se le llama comúnmente “frustración”. La frustración, provocada por límites inconcientes autoimpuestos por traumas de infancia, gesta a su vez “agresión”. Cuando no se pueden desplegar las capacidades creadoras del alma humana, aparecen junto a la frustración, las tendencias autodestructivas y los mecanismos defensivos y compensadores, surgen el resentimiento, el odio, el rencor, la envidia, complejos de inferioridad, complejos de  superioridad compensatorios, etc.

La calumnia al Maestro Mehir ha llegado tan lejos que corrompió completamente la ecuanimidad que debiera tener el poder judicial, y a  partir de una trampa orquestada entre las acusadoras, el abogado Navarro, la fiscalía de Carlos Paz y oscuros detentadores de poder que avalan la ley anti-sectas, ha llegado al colmo de dictar orden de captura por abuso sexual a un sabio y mantener en la cárcel por 48 días a una mujer completamente inocente.

La calumnia es una mentira orquestada adrede, intencionalmente, para intentar eliminar un objeto de proyección intensa y odio. Odio que surge de un gran resentimiento y frustración, en este caso, de índole sexual. En la Edad Media se pretendía llegar a la iluminación espiritual negando la naturaleza inferior y entonces se consideraba al sexo como el “demonio” y debía ser exorcisado por métodos inconfesables que incluían la autoflagelación y el terror al infierno. La represión y negación de los instintos eróticos, que deberían ser ciertamente transmutados a funciones superiores del ser y no extirpados por métodos coercitivos, fue creando un desvío de la vía espiritual en la iglesia católica, y se fueron conformando monjes y monjas bajo premisas muy enfermas: la castración sexual. A su vez esta represión sexual como vía  de espiritualización basada en una disociación de la naturaleza biológica, gestó un modelo de espiritualidad falsa en una cultura que avaló los métodos de tortura y crimen con total impunidad: la Santa Inquisición. La Santa Inquisición es una de las instituciones históricas más aberrantes que ha tenido la humanidad.

Pero lejos de estar sanamente trascendida por la comprensión de los misterios de la energía sexual y una educación sana y orientadora, sobrevive en los remanentes arcaicos o residuos psíquicos colectivos y se actualiza en nuestra cultura como un pilar oscuro y patológico sobre el que descansan venenos psíquicos que corroen y socavan las posibilidades espirituales reales de los seres. La salida que intentó dar la cultura occidental a semejante represión y disociación de los instintos fue el libertinaje y la indiscriminación sexual, lo que no sólo se alejó de una sexualidad normal, sino que siguió potenciando la neurosis y un gran desequilibrio mental.

¿Pueden decir que mentir impunemente, calumniar, odiar, estar lleno de oscuras frustraciones inconcientes y prejucios arcaicos, urdir trampas para encarcelar y matar, tenga algo que ver con la “justicia” y la “salud mental”? NO, definitivamente, estos agentes de la criminalidad inquisidora son todavía los subsuelos del poder imperante, y a su vez, los pacientes crónicos de la psiquiatría contemporánea. Actúan despertando antiquísimos prejuicios colectivos y operan a través de la mentira más encarnizada y enferma y pueden ser evaluados individualmente como paranoicos y psicóticos. Si se estudiara con objetividad científica la vida previa a su contacto con la escuela de estas acusadoras, se corroboraría muy fácilmente el origen de sus calumnias. Pero parece que el “peritaje psicológico” no puede tener cabida, cuando es la misma fiscalía la que está completamente enferma consensuando sin ninguna investigación seria estos testimonios.

Cuando un poder institucional pierde toda objetividad y se corrompe tan fácilmente, y esta corrupción está ligada a calumnias y mentiras aberrantes de origen sexual, estamos nuevamente ante la Santa Inquisición, mezcla infame de mentira, crimen, impunidad, poder corrupto y frustración sexual morbosa.

Estamos afirmando categóricamente que el maestro Mehir no se aproxima ni mínimamente a un depravado sexual, a un abusador. Todo lo contrario. Es una persona excepcionalmente armónica, sana, y cuyo centro de gravedad está más allá de lo que llamamos “sexualidad”, es un idealista humanitario con una consagración altruista a la educación y perfeccionamiento de los seres. Estamos afirmando que es una mentira orquestada por enfermos psiquiátricos, frustrados y resentidos que están encarnando el último refugio oscurantista de la retorcida y criminal neurosis sexual cultural.