El sexo en nuestra cultura

Soy una mujer madura, con muchos años de permanencia en la Escuela y hoy quiero hablar de “sexualidad”. Soy una mujer que ha transitado su vida sexual con los entusiasmos y desencantos que pasa cualquier mujer de esta cultura en las condiciones anormales de existencia: o sea, “cero” formación sexual apropiada a la edad correcta. De acuerdo a cada estructura, castración o desenfreno; buenos momentos, malos momentos; encuentros y desencuentros, matrimonios fallidos. En fin, mis mayores satisfacciones no me las dio el sexo. Digamos que soy un caso promedio de la cultura.

La enseñanza de Escuela de la mano de Mehir plantea una reforma completa de la vida y del sentir femenino, y por supuesto va acorde con las conductas de un verdadero hombre.

Siempre amé del Maestro su verdadera libertad, la sospecha de que no tenía obsesiones y amaba realmente. Toda mujer que haya hecho el amor con él se ha sentido adorada.

No es verdaderamente un hombre común y no está al alcance de los manejos posesivos de nadie. Su amor es atemporal, eterno y en cada mujer que ama, ama a la Diosa, el arquetipo que nos sería posible si hiciéramos los esfuerzos; la gran esperanza del género humano, que hará mejores individuos para la sociedad.

Dudo en estas lineas hablar de tantrismo, del cual Occidente no tiene ni idea a pesar de tanta literatura explicativa.

Dudo, también, hablar sobre el Gran Orgasmo Cósmico. Toda la naturaleza expresa la energía sexual; toda nuestra vida funciona por esta energía, que en el sitio correcto genera historias prolíficas y por el contrario, como se ve en este caso, en toda la gente acusadora muestra a simple vista sus graves problemas relacionados con el sexo. (Mucho más conociendo sus historias personales, que impresionan al más pintado).

No vengo aquí a relatar pormenores de la vida sexual del Maestro, ni de si ha amado a muchas mujeres, lo cual no es ningún delito (como lo atestiguarían muchas mujeres que aún lo aman).

Sí vengo a dar testimonio de su excelsa moral, su dignidad y conocimientos necesarios para la humanidad, y proclamo su total inocencia de un delito fuera de toda posibilidad para un alma exquisita como Mehir. No existe abuso sexual por parte de Mehir contra ninguna mujer, ni jamás existió algo semejante. Un hombre así no necesitó jamás forzar ninguna situación. Antes bien, la premisa ha sido el consentimiento ante una experiencia de esta calidad en la vida de una mujer.