El testimonio de su obra

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Un día el alma de mi Maestro dejó su cuerpo…

Hace unos días, en la montaña, y con un silencio respetuoso despedimos las cenizas, mientras el río, hoy más sagrado que nunca, las fundía en su cauce. Vivimos un Ritual en el que cientos de personas nos encontramos para compartir otro de los misterios de la vida, y mientras la flauta dejó caer su fluida melodía, el sol nos acompañó con su luz y calor.

Mehir fue un educador, viajero, artista marcial, músico, poeta, idealista, libre pensador, filósofo, místico, padre, hombre, maestro y amigo. Un embriagado de Dios, un puente entre el cielo y la tierra.

Un guía espiritual que nos acompañó con sacrificio y entrega, con firmeza y disciplina. Como filósofo y sabio iluminó las tinieblas de la ignorancia y fue una luz en esta época de materialismo escéptico.

Gracias a la alquimia psicológica transmutó los conflictos y sufrimientos inútiles del alma, en sabiduría y amor, y con su conocimientos y sus cualidades dirigió el proceso de cientos de discípulos, a quienes despertó y fortaleció con métodos para el cuerpo, el alma y el espíritu.

Fundó una escuela de conocimiento, El Cántaro, Aguas de vida, para el desarrollo armónico del ser, y la creó sobre los pilares de la moral, la ética y el altruismo. Somos muchos los que podemos dar testimonio de sus cualidades extraordinarias y nivel de ser, más allá de todo lo conocido.

De acuerdo al Profeta, “el conocimiento sin obras es como un árbol sin frutos”, por eso dedicó toda su vida a la enseñanza, a crear espacios en los que recibir a los buscadores con sed de conocimiento, música para calmar las almas, teatros para representar la existencia, libros para acrecentar la conciencia, dojos para templar el cuerpo y espíritu. Y cada resultado lo logró con perseverancia, paciencia, con atención y práctica.

“Quien nunca descansa, quien con el corazón y la sangre piensa en lograr lo imposible, ese triunfa”.

A sus discípulos, quienes damos fe y , nos mostró cómo cuidar nuestro cuerpo, cultivar nuestro espíritu, y liberarnos poco a poco de las ataduras de la psique. Nos enseñó que es posible una vida libre de sufrimientos, y plena en todos los sentidos de la existencia. Tuvimos la dicha de conocerlo, y de que él nos eligiera como discípulos, y por eso estaremos siempre agradecidos.

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