El Hombre que AMA a las mujeres

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Me parece increíble la acusación que le están haciendo a Mehir: “¡abuso sexual! ¡el gurú que odia a las mujeres!”. Nunca fui discípula de la escuela, pero viendo lo que están tratando de hacer con él, me siento obligada por el agradecimiento y animada por el amor… porque aunque ya soy una abuela puedo recordar perfectamente quien es este hombre… y nada más lejos de él que ese perfil de “abusador”… No sé si les servirá de algo y no es mi intención lastimar a nadie… les estoy contando lo que me sucedió y dejó para siempre mi corazón marcado… Porque están luchando contra tanta mentira, tanta acusación absurda… tanta maldad…

Hace unos 26 años tuvimos un hermoso romance, podríamos decir que fue una relación breve que duró apenas una primavera, pero para mi vida no fue así, ya que lo que aprendí con él, aún sin querer ser su discípula, fue creciendo y creciendo en mi corazón hasta que ahora, ya con mi vida hecha, puedo decir que algo finalmente floreció y dio fruto: un “gracias a la vida que me ha dado tanto…, una simple sonrisa de alegría y regocijo íntimo…”

Si quieren acusarlo de algo en esta sociedad donde la sexualidad se hizo tan fronteriza e imprecisa, tan indiscriminada… acúsenlo de ser hombre, muy hombre, una especie casi en extinción… simple, natural y espiritualmente viril… Tal vez por eso es tan perseguido, puedo llegar a imaginarme que las mujeres que lo acusan no habrán podido manejarlo con los típicos ardides y astucias femeninas, no habrán podido hacerlo “su posesión”… y los hombres que lo acusan no habrán soportado los celos, la envidia y la competencia…  Creo que fue el único hombre con el que me sentí verdaderamente mujer… Cuando lo conocí estaba acostumbrada a ser la protectora, la madre de hombres-niños, demandantes y narcisistas, irresponsables, que a su vez eran tiranos celosos y asfixiantes… Nunca me había encontrado con un hombre con todas las letras… un hombre tan firme como tierno… tan intensamente apasionado y a la vez noble, generoso, pródigo… un devoto del amor… un enamorado del amor… es inconcebible para mí que ese hombre con tanta fuerza y dulzura, con tanta comprensión de los más íntimos secretos de lo femenino… tan embelesado por la belleza… les diría… un exquisito, un embriagado que ama lo sutil hasta en el detalle más inconcebible… un hombre así jamás se conformaría con algo obtenido a la fuerza… es completamente absurdo… Y cuando yo era esa joven a la que le salían mariposas por el pelo y andaba a 20 cm del piso, lo que más me enamoraba extrañamente era su inaccesibilidad… ¡Cómo explicarlo! Una mezcla perfecta de amante dispuesto a la locura delirante de los ebrios y a la vez un ser enigmático, magnético, indescifrable, impredecible, lejano… como si sus ojos profundos y océanicos estuvieran viendo siempre más allá… un nostálgico… imposible de ser definido o poseído… Y esta distancia misteriosa era tal vez lo más viril… porque amaba y no mostraba apego alguno sino una incomprensible independencia de lo que tanto parecía amar… me acuerdo que no pude rendirme ante su naturaleza… todavía estaba llena de ilusiones y quimeras…

¡Jamás podría ser ese depravado que quieren mostrar…! Hacer el amor con él, era un arte que no necesitaba de ningún artificio ni estímulo raro… era un perfume que lo invadía todo… porque empezaba a hacer el amor mucho antes… la unión de los cuerpos era la consumación natural de un fuego que había incendiado el corazón, el alma, todo… y no había rincón del ser que no estuviera impregnado… Con el tiempo aprendí que de un amor así uno no regresa… que de un hombre así uno no puede despedirse jamás… lo único que cabe es hacer crecer ese amor hasta fundirlo con el infinito… Les parecerá raro mi testimonio, no me animaría a hablar como testigo… pero lo hago para ustedes, para que no los empañe una sombra de duda… un hombre así, créanme, jamás buscaría las migajas de la intención frenética de los obsesivos… ¡Jamás abusaría de una mujer! Más bien creo que está ahora seriamente abusado… sencillamente por ser una especie en extinción… un auténtico hombre…
Para él, en la distancia, todo mi amor y agradecimiento…

Martina