Efectos de una religión “inofensiva”

Maestro Mehir - Religión Inofensiva

Me motiva a expresarme una frase manifestada por Ravics, en la que dicen que pueden diferenciar entre una secta detrimental y peligrosa para la salud pública, y una inofensiva religión. Desde mi experiencia personal puedo decirles que la religión no ha sido inofensiva en absoluto en mi vida en particular en lo que respecta al tema de sexualidad. Me eduqué en un colegio de monjas y participé de grupos parroquiales durante la adolescencia y juventud. Lo que se nos enseñaba era que, al estar uno en pareja, tenía que contener los instintos sexuales, el deseo de hacer el amor con la pareja debía ser suprimido a no ser que uno quisiera casarse y tener hijos con esa persona en ese momento.

La imposibilidad de refrenar los instintos debía verse como una debilidad, como una falta de amor, una incapacidad de hacer sacrificios por el otro y por uno mismo. No sólo debía uno contenerse, sino exigirle al otro que también lo hiciera obviamente. En el caso de la mujer, debía interpretar que si el hombre quería mantener relaciones sexuales con ella, no la quería ni la respetaba sino que sólo e inequívocamente quería aprovecharse de ella.

En esta visión falaz de la realidad, la integridad psíquica y moral del individuo se ve seriamente ultrajada dado que las manifestaciones naturales y biológicas son cargadas de un prejuicio en el que no cabe duda de que son manifestación del mal. En realidad el sexo no es malo en sí mismo, pero al haber tanto miedo en la humanidad con respecto a este tema es más fácil decir que es malo y pretender que desaparezca. Decir que es pecado y sacarlo de nuestra vida.

¿Qué puede sentir una mujer que durante años intenta seguir este modo de vida? Porque yo, en mi interior, tenía el anhelo de vivir acorde a las leyes divinas, de seguir la voluntad de Dios; por lo tanto no me resultaba nada ajeno lo que me indicaran los representantes de mi religión. Recuerdo que estuve de novia con un chico que participaba del mismo grupo parroquial que yo. Teniendo 20 años y él 25, en plena juventud, teníamos que anular categóricamente cualquier posible vinculo íntimo. Vivíamos en una culpa muy grande por sólo tener deseos sexuales. Él recurría al sacramento de la confesión cada vez más seguido, atormentado pidiendo perdón por lo que sentía. En estas confesiones era reprendido por el sacerdote por lo que le estaba pasando. Finalmente no pudiendo soportar la situación, nos separamos.

Cualquier persona adulta en su sano juicio pensaría “¡En que locura vivían estos chicos!”… Luego de esta situación yo prefería no tener pareja para evitar pasar de nuevo por lo ya vivido. Incluso llegue a ponerme en pareja con un hombre que era bueno (como para tener un compañero) pero que no me atraía físicamente para no sentir la “tentación”. Creo que queda más que claro lo nefasto que resultó la influencia de estas premisas en las que fui educada, en las que el destino trascendente del ser humano, sus inclinaciones espirituales y su vínculo íntimo con Dios están no sólo separados sino que resultan antagónicos a las manifestaciones naturales de la sexualidad, descartándose a su vez la posibilidad de que uno manifieste afecto hacia su pareja en una relación sexual.

Pero resulta ser que los “señores” de Ravics tienen una visión parcial y subjetiva de la religión como se encuentra en este momento en la cultura. Según su visión, la religión es inofensiva. ¿Les parece que puede resultar inofensivo ver al sexo y todo lo relacionado con él como malo? ¿Puede ser inofensivo pensar y sentir que el deseo sexual viene del demonio? ¿Puede ser inofensivo pensar que si un hombre desea a una mujer es sólo un signo de que quiere usarla para satisfacer sus instintos, sin discernir si la ama o no?

Además del siniestro que veo en todo lo que les conté, sé que debe haber sectas destructivas pero justamente el nuestro NO ES EL CASO. En el tiempo que llevo como discípula de Mehir me siento mejor en todo sentido. Física, emocional y mentalmente. Su enseñanza nos impulsa al desarrollo como individuos en todas las formas que queramos. Cada uno elige hacia dónde encaminar sus esfuerzos, sabiendo que el ser humano necesita expresarse, cultivar todos los atributos que le son inherentes a su naturaleza. El arte, la filosofía, el altruismo, los ideales de amor y fraternidad deben ser vividos para que el individuo se sienta pleno.

En lo que respecta al sexo es innegable que su función es sagrada en la vida del ser humano y que no puede ser vivido de cualquier manera. Hay que hacer esfuerzos para vivirlo como corresponde a personas nobles. Lo fundamental radica en discernir en qué dirección se deben hacer los esfuerzos. No debería uno esforzarse en asfixiar ciegamente sus instintos, eso sólo produce frustración e impotencia. El esfuerzo es el de mejorar cada uno su ser.

La mujer en particular será la dadora y preservadora de la vida cumpliendo un rol fundamental en el núcleo familiar. Por esto la base de la cual como mujeres debemos partir es la VALORACIÓN. La estima de nosotras mismas y el intento de una vida digna es el único modo de encontrar el hombre adecuado a cada una, pudiendo así la sexualidad integrarse a la búsqueda de religarnos con Dios.

Corina