La enseñanza de un Maestro

Maestro Mehir

El debate sobre el lavado de cerebro o manipulación o coerción psicológica está muy vigente en las agendas de los países más avanzados y aparentemente es una preocupación moderna. Pensadores, sociólogos, psiquiatras, políticos, y el mismo clero le dedican mucho tiempo al planteo de esta cuestión como tema preocupante. Sin embargo, no existe en toda la bibliografía al respecto nadie que establezca la circunscripción semántica del tema y que desarrolle la idea a partir de ella.

Existe una diferencia elemental de niveles en lo que en forma generalizada se llama hoy “manipulación psicológica”, y el objetivo de este escrito es esclarecer esta diferencia que resulta determinante a la hora de analizar si una agrupación ideológica o religiosa es destructiva o evolutiva.

1º nivel: Coerción psicológica

Hablamos de coerción cuando se da una dominación intencional de una persona sobre otra u otras, que implica además cierta violencia física y/o psicológica. Se domina, manipula y se anula la voluntad por el terror, se somete a la persona a situaciones límite, con riesgo concreto de muerte o locura mediante torturas y terrores provocados voluntaria e intencionalmente. Tiene una finalidad concreta, maliciosa y perversa: la sensación de poder, el desplazamiento de perversiones sexuales en abusos autoritarios y vejaciones, etcétera. Los ejemplos más concretos de utilización de técnicas de coerción psicológica son los campos de concentración, las prisiones, las persecuciones religiosas o ideológicas extremas como en el caso del Holocausto nazi o la Santa Inquisición, el reclutamiento militar en tiempos de guerra, el terrorismo y extremismo. Y es muy difícil encontrar otros ejemplos en nuestra sociedad actual.

2º nivel: Persuasión / Sugestión

Si bien también guarda una intencionalidad de base, el individuo sometido a este tipo de influencias tiene cierto grado de libertad en relación a quien la ejerce sobre él. Es decir, no se anula la voluntad sino que se la somete a una especie de seducción persuasiva o sugestiva. Puede conllevar la mentira o la exageración de aquello que se pretende resaltar ya sea positiva o negativamente. Y, en rigor, todo vínculo entre dos o más personas guarda un grado de sugestión o persuasión. No existe la libertad individual pura, todos sugestionamos y a la vez somos sugestionados. En el caso de las relaciones personales, la mayoría de las veces se alterna el rol de dominado y dominante. En la pareja, entre padres e hijos, en un grupo de amigos, en un hombre que intenta seducir a una mujer, un vendedor intentando que un cliente compre su producto… y más masivamente, la publicidad, el periodismo, la política. Todos intentan sugestionar intencional y subliminalmente para conseguir un objetivo personal que puede ser desde caricias, permisos, atención, beneficios cotidianos y menores; hasta clientes, dinero, fama, poder, votos, prestigio. Todos seducimos y somos seducidos en distintos momentos de nuestra vida, ya que es una práctica cotidiana y habitual de nuestros patrones de relación vincular.

3º nivel: Influjo de un educador humanitario

Es un nivel desconocido masivamente por estar la sociedad sumida tan profundamente en el materialismo escéptico. El influjo de un maestro es algo superior, elevado, refinado, que no se comprende justamente porque no guarda intenciones egoístas. Es ejercido por quienes tienen una misión más allá de ellos mismos: profetas, iniciados, maestros, educadores, hombres verdaderamente sabios e idealistas que tienen la responsabilidad de guiar a otros hombres para transitar el camino de la evolución y poseen el conocimiento para hacerlo. El influjo de un educador humanitario es suave, paulatino, constante. No tiene fines egoicos; por ejemplo, el único objetivo que un maestro de conocimiento puede tener en relación a su discípulo es ayudarlo a desarrollar su esencia, aportar concretamente al crecimiento de su alma, aumentar su nivel de ser, expandir los límites de su conciencia ordinaria.

Un hombre de conocimiento, un maestro, un iniciado, no persuade o sugestiona, muchísimo menos “coerciona psicológicamente”. Su misma presencia, su ser integral, irradia una energía tan sutil (espiritual) que penetra el alma de los discípulos que resuenan simpáticamente en lo íntimo de su ser por haber llegado a una maduración del alma que los torna receptivos, y genera un seguimiento espontáneo, voluntario, que los ayuda como nada podría hacerlo en el proceso de consumación de su destino como individuos.

INDIVIDUUM Y HOMBRE MASA

El hombre adquiere los significados del mundo en un proceso de aprendizaje en el que va formando un patrón de interpretación condicionado por la cultura en la que está inmerso y su entorno familiar que actúa como transmisor activo de estos significados culturales. Alcanzada cierta edad, el sujeto ya tiene la mayoría de los condicionamientos que determinarán su vida entera. Es decir, alcanzado cierto nivel de educación, el individuo ya responde y reacciona al mundo de una determinada manera según los condicionamientos que conformaron su personalidad.

Llegado el punto de madurez en el que la personalidad ya está formada, existen hombres que empiezan a vislumbrar otras posibilidades, que comienzan a cuestionar si todos esos condicionamientos son parte de su verdadera esencia o si fueron adquiridos, de la misma manera que pueden revertirse. Y entonces, en ese preciso y precioso punto, el hombre comienza la reeducación del pensamiento bajo nuevos parámetros objetivos, que hacen una tarea de desagregación paulatina de los moldes heredados por inercia que lo condicionan negativamente, para dar lugar al crecimiento progresivo del individuum.

Ahora bien, jamás podrá un hombre masa lograrlo por sí mismo sin la guía de alguien que, por haber ya transitado ese camino, pueda saber claramente lo que su individuum necesita para desarrollarse.

Los maestros iniciados han doblegado primero su propia voluntad para luego ayudar a sus discípulos en la misma tarea, y así arrancar la personalidad de sus condicionamientos y llevarla concretamente a la gracia. Para hacerlo, deben valerse de un influjo incesante que no tiene bajo ningún punto de vista una connotación negativa, ya que el verdadero fin es sustraer al individuo de otros influjos sugestivos hipnóticos negativos para mostrarle influencias benéficas para la evolución de su psiquis, como el influjo directo de la naturaleza y, más profundamente, del espíritu.

Pero el hombre está tan aferrado a sus traumas que lo que el maestro hace, pocas veces va en el sentido de lo que mecánicamente querría el discípulo, por eso requiere un esfuerzo consciente de su parte, y aunque parezca extraño, es en esta fricción tensionante donde el discípulo crece en nivel de ser. Sin maestro el hombre muere en un mismo punto, un maestro causa una revolución maravillosa, a través de lo que algunos llaman ignorantemente “manipulación psicológica”, pero que no es otra cosa más que un influjo benéfico.

Pero, ¿qué sucede cuando el hombre no puede creer que exista otra persona con un nivel de ser superior al suyo? Lo que ocurre en un caso así es la persecución de las ideologías arbitrariamente consideradas “alternativas”, la inquisición de los sabios. Y la Historia tiene registros de sobra de profetas, santos, sabios perseguidos y martirizados simplemente por pensar y difundir una ideología diferente a la de la masa (desde Cristo, Moisés o Mahoma, hasta Sócrates, Pitágoras, Galileo…) y que luego, a la luz de la evolución se ha comprobado la atrocidad cometida contra esos hombres que, todos ellos, contribuyeron al proceso de perfeccionamiento de la Humanidad. Porque no se distingue lo que es sabio de hombre masa, porque no se distingue lo que es coerción psicológica de influjo benéfico.

El hombre individualizado se constituye sabio porque ha logrado reunir en sí mismo los opuestos aparentemente irreconciliables para el hombre masa: razón y religión, fe y ciencia… y ello no implica un conflicto en su interior. Mientras tanto, el hombre masa, por más que sea un pensador erudito, jamás podrá abordar la verdad total ni encontrar un verdadero sentido para la vida ni para el hombre que la transita. El escéptico, aquel que jactanciosamente cree que se guía únicamente por lo que él llama equivocadamente “razón”, no deja de ser un hombre masa sin posibilidades de individualizarse.

Tal vez lleve años, décadas, tal vez lleve siglos. Pero llegará el día en que esta diferenciación entre lo que es coerción psicológica e influjo benéfico sea conocida y comprendida por toda la Humanidad. Entonces, no habrá más lugar para las persecuciones ideológicas hipócritamente disfrazadas de “impartir justicia”. Mientras tanto, con la poca comprensión actual, cada uno debería poder ser “libre” para elegir lo que quiere: ser manipulado psicológicamente por un jefe, un político, un conferencista, un artículo del periódico; o estar bajo el influjo benéfico de un iniciado. La decisión que cada uno tome sería acorde a su nivel de ser.