Lo que hace una secta destructiva

Un relato en primera persona de una integrante de la Escuela de Conocimiento El Cántaro, explicando en base a su propia experiencia la diferencia entre una secta destructiva y la posibilidad de crecimiento que permite el estar bajo la guía de un hombre sabio

Primero captan a aquellos que buscan un oasis en medio del caos mundanal. ¿Cómo? Con un atractivo “speech” de promesa de paz, bienestar, silencio, etc.

En segunda instancia te invitan a desprenderte de todo lo material que te mantiene atrapado en la sociedad. Y por último, te instan a que te arrojes a la loca aventura de “vivir del aire”, alejado de todo, y de todos.

Y así fue que engancharon a mis padres. Tenía 12 años de edad cuando esto sucedió. Vendieron la casa que habían construido “a pulmón”, para llevarnos a mis hermanos y a mi a vivir en medio del monte con una casa rodante, hasta que pudieran comprar un terreno en ese lugar y construir una casa. Y también nos alejamos de todos los seres queridos.

Cabe aclarar que quien estaba a cargo de la secta, la promotora del lugar, quería formar una comunidad escenia. Y decía escuchar mensajes de Dios, que les daba a quienes pasaban por el lugar, en forma de poemas.

Ella decía que no cobraba por darles la palabra de Dios, solo aceptaba “donaciones”, y así fue que entre sus “donaciones”, estaba el techo nuevo de su casa, un galpón con todas las instalaciones, y una especie de “bunker” para cuando llegue el fin del mundo.

Esto sin contar que en el tiempo que vivimos allí, mis padres dormían separados, porque ella les sugería la castidad, mientras le revoloteaba a mi padre, quien en su afán por salir de la locura de una oficina, no hacia otra cosa más que dedicarse a la huerta.

También les llenaba la cabeza en contra nuestra: recuerdo que les dijo barbaridad de cosas para que no me dejaran hacer arte (en ese momento me gustaba el Teatro). Y para no omitir detalles, nos ponía a mis hermanos  y a mi a desmalezar el terreno, vigilándonos para que no nos escapemos (en ese entonces ellos tenían 6 y 9 años de edad).

Lejos de ser un “paraíso natural”, sentíamos que estábamos en un regimiento militar, coartados de la libertad de ser niños. Una locura, ¿verdad?

No se con exactitud que pasó en el interior de mis hermanos con semejante experiencia, aunque lo intuyo;  puedo decirles lo que me ocurrió a mí: complejo de inferioridad, evasión de la realidad, inmoralidad, cobardía, miedo de enfrentar el mundo, por mencionar sólo algunas con las que lucho a diario.

Aunque ustedes no lo crean mis padres, quienes  me llevaron a vivir esa experiencia a temprana edad, son los que hoy no están de acuerdo con la vida que llevo.

Hace 6 años conocí a Mehir, y tuve la dicha de presenciar su vida, su dedicación a la Enseñanza; cómo día a día plasmaba lo que nos enseñaba, y que doy FE de que hoy, esté donde esté, sigue haciéndolo.

En los años que hace que soy su discípula, aprendí a pararme sobre mis propios pies, a sentirme segura de mí misma, a ser honorable, a trabajar con honradez, a ir mas allá de mis miedos, y a descubrir que no hay nada que temer del mundo, ya que es el mejor sitio para aprender a ayudar al prójimo, aparte de superarse a uno mismo.

Es aquí donde les pregunto a ellos y a todos aquellos que sean dados a la reflexión: ¿Les parece que verdaderamente  tienen algún derecho para cuestionar mi vida?… “Sí”, dicen, “somos tus padres, nos preocupamos por vos”… Está bien, les pregunto algo más: ¿No les parece que con 25 años de edad y habiendo vivido semejante experiencia que, dicho sea de paso, dejo heridas profundas en mi psicología, tengo la madurez suficiente como para saber DISCERNIR entre una secta destructiva y una ESCUELA DE CONOCIMIENTO como lo es EL CÁNTARO?

Es evidente que no me conocen, que no quieren ver que me convertí en una mujer adulta, responsable de sus decisiones. Lo que esperan es que sea la niñita simbiótica que no podía separarse de  su madre por miedo a perderla, trauma que ella misma ocasionó cuando se dio cuenta que la secta en la que estábamos era destructiva verdaderamente porque ya no le hacía bien, y decidió irse para “reflexionar” sin pensar cuanto dolor producía en nosotros que pensamos que no volveríamos a verla.

Bueno, les digo que no soy mas esa niñita, ni lo seré por más cartas que manden a La Voz del Interior.
(N.R. http://www.lavoz.com.ar/ciudadanos/carta-mama-desesperada-su-hija )

¿Por qué no se sinceran con Uds. mismos y se dan cuenta que les molesta no saber que hago ni a donde voy, como siempre hicieron; que de un modo u otro escapo por momentos al patrón prefijado de hijita obediente, y eso los saca de las casillas? Y digo “por momentos”, porque también reconozco que no logro perpetuar un estado de libertad de los condicionamientos, pero aun así, hay algo que no les “cierra” en mi comportamiento, y es justamente el intento de escaparme del sistema fijado prehistóricamente.

Decidí escribir esto para que se den cuenta contra qué lucho. Me mostraron su arrepentimiento al respecto, y eso lo valoro más que nadie, porque sé que es la base de un nuevo vinculo entre nosotros, más limpio, más amoroso, más sincero.

La muerte nos acecha a cada instante, y no quiero desperdiciar ni un instante de mi vida con rencores de ningún tipo, y se que ustedes tampoco… ¿no les parece positivo, que no perdimos ni un instante en reanudar nuestro vínculo?…  Anhelo que sigamos asi.  


Nadia