Cavernícolas refinados

500.000 años tardó el hombre en evolucionar para civilizarse, hace 7.000 años nada más que el hombre llegó a ser tal cual como los conocemos ahora.

¿Qué nos hace pensar que somos tan evolucionados?

El único interés era el mantenimiento de las necesidades básicas, sobrevivir a los peligros que hasta en ese momento reinaban, era lo primordial. Alimentación, termorregulación, descanso, defensa y perpetuación de la especie, eran los móviles para sus acciones y el temor a no sobrevivir era su motivación.

Hoy en día los móviles de nuestras acciones se inclinan más por lo biológico que por lo humanitario, trabajamos para subsistir, para no pasar hambre, para tener un techo que nos refugie del frio y del calor. Es lo mismo pero más adornado, antes eran cuevas, ahora son casas, antes eran pieles y un fogón, ahora son camperas de cuero importadas y un aire acondicionado frio-calor.

El pensamiento primitivo era rudimentario, inmaduro, supersticioso, indiscriminado, incapaz de abstraerse, no diferencia la realidad de los deseos y temores, extremadamente subjetivo. Aceptaban sin revisión personal las creencias vigentes en la comunidad, sin someterlas a crítica. Es un pensamiento colectivo, poco individualizado, estereotipado.

¿Dónde está la diferencia en las personas de hoy que se creen todo lo que dice el diario?
¿A dónde se fue la madurez del pensamiento individualizado, que nos guía la reflexión de lo que escuchamos?
¿Qué estamos haciendo en los momentos que deberíamos diferenciar la realidad de los condicionamientos que nos crean nuestros traumas de infancia?
Y sobre todo… ¿Dónde escondimos a la objetividad? Esa objetividad que parte del análisis de ambas partes del caso.

Les aseguro que no nos hace falta mucha inteligencia para ver que todos respondemos iguales a los mismos estímulos, solo hace falta sustraerse una sola vez de esa sintonía estereotipada en la que vivimos y dar la respuesta diferente.

500.000 años de Paleolítico contra 7.000 de cultura, muestran las verdaderas condiciones del hombre actual.

Nos falta tanto…

Antes había leyes imperantes, una moral convencional, y restricciones impuestas, y el refrenamiento de las acciones indebidas estaba dado por el temor. Ahora estamos más refinados, las leyes imperantes están bien organizadas y comandadas por los gobiernos, y la moral convencional  está bien diferenciada de lo que nos conviene y lo que no.  La única diferencia es que antes las restricciones eran por un temor a algo concreto, ahora ni si quiera sabemos a qué le tememos.

No somos seres tan racionales como pensábamos, nuestros pensamientos siguen siendo sincréticos, colectivos y estereotipados, repleto de prejuicios arcaicos.

Nos dominan los siete vicios. La sociedad y nuestro prójimo siguen siendo monstruos hostiles contra los que hay que luchar para subsistir, la ley del más fuerte, ahora es la ley del más poderoso.

No somos cariñosos y altruistas, ni siquiera con los más allegados a nosotros, si damos un indicio de serlo es solo esperando que también lo sean por nosotros. Hace solamente 2.011 años Cristo se sacrificó, para que nosotros podamos entender el amor impersonal incondicional, sin-condición, y la humanidad lo mató por miedo y por envidia-celos-competencia.

Nos da impresión los cientos de hombres sacrificados brutalmente en las antiguas ciudades Aztecas pero no nos da impresión los miles de millones de hombres sacrificados hoy en día en los trabajos explotadores de las grandes empresas.

A mayor o menor escala vivimos sacrificando a los demás, el prójimo es para nuestro beneficio únicamente, explotamos su capacidad mental, artística, o laboral, y utilizamos sus cuerpos como un objeto sexual. Si el otro no nos permite que lo explotemos y si nos es conflictivo, lo asesinamos o lo desterramos… O lo escrachamos en los medios para manchar su nombre…

No existe el respeto por la libertad individual. Y los que piensan distinto son extraños seres locos y peligrosos…

Bárbaros con cierto grado de cultura, cavernícolas refinados…

Toda nuestra tecnología es antiecológica y nuestra ciencia no ha podido resolver el dilema de la muerte. Entonces, ¿quién me va a venir a decir cuál es la verdad existencial? ¿Quién tiene la razón por sobre todas las cosas? Yo ya no me creo nada de lo que me pueda vender el sistema, y esa es mi propia elección.

500.000 años de prehistoria, contra 7.000 nada más de cultura, nos demuestran todo lo que nos falta evolucionar.

Somos tan estereotipados que lo único que nos cuestionamos son textos como este que nos vienen a cambiar la idea de lo que los medios nos imponen, no vaya a ser que nos saquen del refugio del molde.

¿Pero quienes son los que nos manejan los condicionamientos? Los que más temores tienen.

P.D: No estoy cerrada a creer que no existen personas que se consideren de libre pensamiento, de hecho conozco a 100 que si tienen poder de decisión sobre sus acciones. Por eso este es un llamado al que está obnubilado y sugestionado por lo que leyó alguna vez sobre mi maestro. Sí realmente te considerás de libre pensamiento, lee también nuestra parte de la historia, y luego saca tus propias conclusiones.