Ser o no ser Bruja: he ahí la cuestión

Las mentiras de los sofismas anti-sectas

El pensamiento sofista tradicional, con el objetivo de demostrar una premisa, que por supuesto no necesita ser verdadera, utiliza diferentes estrategias argumentativas, entre ellas, el sacar a los textos de su contexto original. Por ejemplo, imaginemos un militante de la secta anti-sectas tratando de demostrar ante el Sanedrín porque hay que crucificar al Cristo, que para gran parte del pueblo judío de la época, era el líder de una secta… El diría: “Escuché con mis propios oídos que ese que se hace llamar rabí (maestro) decía: “Deja todo y sígueme, de cierto os digo que el que no dejare a su padre y a su madre por mí…” o “Yo no vine a unir sino a separar…”, etc. “Es evidente”, seguiría argumentando el sofista, “que ese tal Jesús, que dice ser el Mesías, quiere separar a los hijos de sus padres y eso va contra los mandamientos dados por Moisés…” y haciendo gestos grandilocuentes se rasgaría las vestiduras, mientras otros obsecuentes gritarían enfervorizados: “¡hay que dictar orden de captura!” “¡debe ser crucificado…!”

La primera aclaración que cabe es que NO identificamos en absoluto al maestro Mehir con el Cristo, nunca él ha dicho nada semejante ni ha querido hacernos creer tal cosa. Tampoco nos dijo que es el “Avatar” de la nueva era, ya que siempre explicó que el Aguador no debe ser considerado como una persona sino que es el “espíritu renovador” de la era de Acuario.

Pero lo que sí podemos afirmar es que estos sofistas anti-sectas actúan de la misma manera que los que condenaron y crucificaron al Cristo. Que el proceso de la mente literal, sofista, manipuladora y mentirosa que utiliza cualquier argucia para lograr su fin, actúa de la misma manera que Pilatos relativizándolo todo cuando pregunta “¿Qué es la verdad?”, sin reconocer niveles superiores de conciencia, o que los escribas y fariseos cuando lo sentenciaron en el Sanedrín. No es una mente al servicio de la verdad, sino al servicio de los prejuicios y categorías rígidas o dogmáticas que se pretenden defender, y usa como estrategia principal sacar los textos de su contexto, de manera que puedan ser usados para tratar de demostrar muchas veces lo contrario de lo que se quiso decir. Es una mente literal o sensorial que no comprendería jamás por qué Jesús hablaba en parábolas, es decir, en un lenguaje analógico-simbólico.

De la misma manera, los sofistas de la secta anti-sectas han creído demostrar, sacando de contexto ciertas frases, cosas tales como que Mehir es un maestro misógino y odia a las mujeres y el libro de cabecera de los cerebros lavados y zombis de sus discípulos es el libro Brujas. Y como fundamento de la supuesta coerción psicológica que lleva al supuesto abuso sexual, esgrimen: “Para que las mujeres pudieran dejar de ser brujas y alcanzar la iluminación, tenían que hacer el amor con él…”

No solo la premisa es tan absurda que parece sacada de una pésima novela gótica, sino que NUNCA fue  éste nuestro libro de cabecera, sino que es una recopilación hecha entre otros, con extractos de Eliphas Levi (Dogma y ritual de la Alta Magia), uno de los miles de libros de la biblioteca del maestro, que es por esencia un sabio recopilador. Y lo más increíble es que fue redactado por un discípulo, no por Mehir.

Por otra parte, el texto, precisamente tiene una advertencia preliminar: debe ser leído en forma completa, porque si se leyera parcialmente se corre un grave riesgo: el de la semiformación que puede ser más perjudicial que la ignorancia. Es exactamente lo que hicieron los inquisidores, sacaron frases sueltas del contexto en donde son usadas, y sin el menor asomo de pensamiento coherente y respeto a la verdad, las usaron para demostrar sus premisas completamente ambiguas del “adoctrinamiento” para lavar cerebros, sentenciando: es un gurú que odia a las mujeres y las convence de que son brujas. Y si hacen el amor con él pueden dejar de ser brujas y obtener la iluminación…

Cuando en realidad se trataba de describir simbólicamente en el texto, el método evolutivo que va de lo degradado, sombrío o irredimido a lo puro, trascendente o superior en el alma, tanto en la mujer como en el hombre, considerando en estas fases evolutivas: la mujer infiel, retorcida, vanal, materialista, simbolizada en el término de resonancia social: “bruja”, que puede evolucionar a  la mujer digna y a la mujer espiritualizada. De la misma manera que el hombre evolucionaría de: el hombre vulgar, donde predominan sus pasiones egoicas, la compulsión de placer por encima del idealismo, la avidez de materialismo o poder, al hombre  noble, y de éste al hombre espiritual…

Además de que es una estrategia muy mentirosa afirmar algo, sacándolo de su contexto original, interpretan literalmente y sin ninguna comprensión simbólica ideas como bruja, demonios, etc.

Por ejemplo la palabra “bruja” cuando es usada en los cuentos de hadas… ¿es tomada literalmente? ¿No será que la mente de los niños menos deformada por el patrón sensorial y literal de interpretación de la cultura, capta directamente la “verdad” que encierra el símbolo? ¿O hay que salir a prohibir los cuentos de Andersen, Perrault, etc. por ser sectarios misóginos…?

La palabra bruja fue utilizada en el texto con el mismo valor simbólico que en el mito de Lilith, del contexto hebreo: una energía que en lugar de estar al servicio del Espíritu, está al servicio del placer egoico, las pasiones… Los taoístas la llamaban “energía exiliada”, y esto acontece tanto en mujeres como en hombres. Para entender esta idea, hay que ubicarla en su contexto: todos los seres humanos tenemos un lado masculino, nuestro espíritu y un lado femenino: nuestra energía. Antiguamente se llamaba “consagración” a esas bodas internas de la energía con el Espíritu. Los grandes místicos de todo los tiempos hablan en este lenguaje simbólico. Les aconsejamos a los señores literales y malintencionados que cuestionen también al Rey Salomón en el Cantar de los Cantares.

Para quienes aprendimos por el ejercicio de la filosofía a cuestionarlo todo y someter a crítica nuestra propia  estructura de pensamiento condicionado, todo este circo nos resultaría hilarante y reiríamos con ganas de tanta ignorancia malintencionada, si no fuera porque están hiriendo nuestros derechos elementales a elegir nuestras creencias y han  vulnerado gravemente el buen nombre y honor de un sabio, obligado a dejar el país por persecución ideológica. Un hombre de edad que sufre una enfermedad cardíaca no soportaría el ultraje de la injusticia y el encierro arbitrario, por lo cual si lo encerraran en una cárcel por más de un día podría morir, y estimamos que eso es lo que buscan estos asesinos sofistas, lo mismo que llevó a Sócrates a morir por la cicuta, lo mismo que llevó al mismísimo Cristo a morir crucificado. La premisa de estos sectarios agnósticos destructivos es que no existe la sabiduría, el conocimiento es relativo y nadie puede hablar la verdad. Por lo tanto… ¿qué es un sabio?… ¿existe esa palabra en su inventario? ¿Qué es un nivel superior de conciencia?… Todo lo allanan, todo lo relativizan, todo lo sacan de su contexto…

¿Podrían diferenciar entre la ignorancia y la sabiduría? ¿Podrían diferenciar entre palabras mezcladas sin ton ni son y palabras emanadas desde la más íntima comprensión del ser? ¿Podrían comprender que es sabio porque su palabra está encarnada en todo su ser?

El trasfondo turbio de la ley anti-sectas desconoce la existencia de sabios y no diferencia una secta destructiva de una escuela de conocimiento, y se basa en afirmaciones sumamente ambiguas… La forma de actuar de los que se escudan en esa ley es peligrosa y utiliza la sofística más maquiavélica para sentenciar y condenar…

Es muy penoso descubrir que en la humanidad después de siglos sigue teniendo el poder  la misma actitud ciega del sofista Pilatos cuando decía “¿Qué es  la verdad?” mientras se lavaba las manos y condenaba a la crucifixión al Amor encarnado…