Ser un guerrero

Maestro Mehir Guerrero

Hace ya casi un año que en los medios de comunicación se habló respecto a nosotros, los discípulos del Maestro Mehir, se dijo que a los hombres se los llamaba guerreros y a las mujeres brujas. Como tantas otras cosas, esto es otra infamia. La verdad es, que todos, hombres y mujeres, discípulos y discípulas, intentamos vivir como guerreros y guerreras, respectivamente. Supongo, que muchos se preguntarán qué es un guerrero, otros asegurarán saberlo superponiendo imágenes que vieron en alguna película o alguna idea vaga de un libro de historia, o una lectura de los libros de Carlos Castaneda.

Pero, ¿qué es un guerrero? ¿Por qué intentamos vivir como guerreros? ¿Por qué elegimos el camino del guerrero? (entiéndase guerrero/hombre, extensivo a guerrera/mujer)

Un guerrero es un hombre humilde, busca la impecabilidad en sus propios ojos y llama a eso humildad. Su humildad no es la humildad del mendigo. No humilla la cabeza ante nadie y, al mismo tiempo, tampoco permite que nadie humille la cabeza ante él. No es codicioso, la codicia sólo es eficaz en el mundo de los asuntos cotidianos. Es amoroso, tiene amor a la vida, a la intriga, al misterio, y muchas agallas. Elije un camino con corazón, y lo sigue, luego se regocija y ríe. Es honorable, ya que cumple con su deber. Intenta cultivar virtudes supremas: sentimiento de compasión, amor, magnanimidad, simpatía, afecto hacia los demás, virtudes que hacen al hombre verdadero.

No tiene tiempo ni humor para fanfarronear, ni para mentirse a si mismo, ni para equivocarse en la jugada. El mentir es considerado una debilidad y una deshonra. Su palabra lleva el peso de la verdad; y la apuesta es demasiado alta, su vida, que tanto tiempo le llevó afinar y perfeccionar. Todo lo calcula, no es una hoja a merced del viento. Nadie puede empujarle, nadie puede obligarle a hacer cosas contra de si mismo o de lo que juzga correcto. Esta preparado para sobrevivir y sobrevive del mejor modo posible. Acepta su suerte, sea cual sea y la acepta con total humildad ya que todo es un desafío.

Tiene una paciencia inagotable, nunca tiene prisa, nunca se agota. Sabe que la verdadera paciencia consiste en soportar lo insoportable. Puede sufrir por largo tiempo, y sin embargo, no envidiar, no envanecerse, no ser engreído, no provocar inconvenientes, no ser egoísta, no es fácil a la provocación y desoye el mal; es generoso, veraz y cortés.

Busca la rectitud, que es un camino recto y estrecho, que el hombre debe tomar para recobrar el paraíso perdido, siendo esta la facultad de decidir cierta línea de conducta, de acuerdo con la recta razón y el deber; sin titubear.

Dedica su vida a estudiar y entender. Se esfuerza para elevarse por medio de la meditación a zonas del pensamiento que exceden los límites de la expresión verbal. Busca el conocimiento, que habla del Ser de una especie ética, de la introspección de nuestra naturaleza moral, que no se puede considerar como tal hasta que se asimila al espíritu del que estudia y se manifiesta en su carácter. En los tiempos de samurái la pura inteligencia se juzgaba inferior a la emoción moral.

Confucio decía, “El estudio sin ideas es trabajo perdido; las ideas sin estudio, son peligrosas.”

Entonces, los sentimientos más naturales se mantienen bajo un perfecto dominio, serenidad en la conducta, compostura de espíritu, que no deben perturbarse por ningún género de pasión.

El camino del guerrero ofrece al hombre una vida nueva, y esa vida tiene que ser completamente nueva. No puede uno llevar a esa nueva vida sus viejas y malas costumbres. Todo el que quiera seguir este camino ha de librarse de la compulsión de poseer cosas o personas y de aferrarse a ellas. Cuando un guerrero deja de tener cualquier clase de expectativas, las acciones de la gente ya no le afectan. Una extraña paz se convierte en la fuerza que rige su vida, ya que lo que debilita al hombre es sentirse ofendido por lo que hacen o dejan de hacer sus semejantes.

Entonces el guerrero no está hecho a la entrega y a la queja; ni está hecho a ganar o perder, y, dependiendo de ello, convertirse en perseguidor o víctima; de nada le sirve estar triste, quejarse y sentirse justificado de hacerlo creyendo que alguien le está siempre haciendo algo. Nadie le está haciendo nada a nadie, y mucho menos a un guerrero. La autocompasión responde a quien se siente importante, merecedor de mejores condiciones y mejor trato, o bien a quien no quiere hacerse responsable de sus actos que lo condujeron al estado que la suscitó. Sentirse importante lo hace a uno pesado, torpe y banal; por eso para ser un guerrero se necesita ser liviano y fluido, reconocer el dolor pero no entregarse a él; ver en el interior para disipar la ilusión de la victoria, la derrota o el sufrimiento.

Aunque lo desnudes y lo insultes, ¿Qué le importa? Nadie podrá manchar su alma con su ultraje. Cuando otros digan toda suerte de cosas malas sobre el, no devuelve mal por mal, sino que reflexiona que no fue fiel en el cumplimiento de los deberes”

El modo más eficaz de vivir, es vivir como un guerrero. Puede que piense y se preocupe antes de tomar una decisión, pero una vez que la ha tomado, prosigue su camino libre de preocupaciones o pensamientos. Ese es el camino del guerrero.

Bushido, los caminos, los modos que los nobles guerreros deben observar, tanto en su vida diaria como en su profesión, los preceptos de la caballerosidad es una ley escrita en las fibras del corazón.

El guerrero ama, y eso es todo. Conoce lo que es justo y lo ejecuta. Un hombre verdaderamente valeroso está siempre sereno, jamás es tomado por sorpresa, nada perturba la ecuanimidad de su espíritu. Está hecho a la lucha, y cada lucha es su última batalla sobre la tierra, evalúa cada acto como si fuera su última batalla. Vive de actuar, no de pensar en actuar ni de pensar que pensará cuando haya actuado. Sabe, que su vida acabará demasiado pronto, y debe aprovechar cada instante de la misma. Acepta la responsabilidad de sus actos, hasta el más trivial de sus actos.

Debajo de este instinto de lucha nace un instinto divino de amor.

Sabe que no puede escapar a su muerte, y no la busca, porque la muerte va a alcanzarlo de todos modos;

Él busca la perfección del espíritu, única tarea digna de nuestra transitoriedad y nuestra condición humana.

Saber y obrar no son más que una misma cosa. El ser humano es una sustancia que debe alcanzar mediante el trabajo interior y el control de la atención, la gran maestría sobre si mismo. La verdadera victoria es la del dominio sobre sí mismo.

Al Guerrero Samurai se le exigía el imperio sobre si mismo. Su espada es el emblema del poder y del valor, símbolo de lo que lleva en su alma: lealtad y honor. Su arte es el impulso de la búsqueda del propio interior, del propio dominio y la propia disciplina.

Es nuestro Maestro el que nos enseña desde hace años el “Camino del guerrero”, dejando atrás nuestros traumas y bajezas propios de esta cultura en decadencia, donde se perdió el ensueño y el contacto con lo divino, donde se perdió la verdadera moral y el cumplimiento de los deberes, donde ya no se encuentran virtudes que hacen a mujeres dignas y hombres verdaderos, donde los niños crecen desprotegidos en un mundo supuestamente hostil, donde por falta de amor se necesitan leyes escritas por hombres que lejos están de regular una vida acorde a las leyes divinas y representar la justicia divina; sino que están al servicio de su ego, siendo avaros y codiciosos, buscando solo su propio beneficio, olvidando que deberían servir al pueblo y cuidar a éste.

Sabemos que,

La única libertad que tienen los guerreros es la de comportarse impecablemente.

Ese es nuestro intento.