Sobre la Idea de Justicia

Así como lo hizo Confucio en la antigua China, para nosotros también ya es hora de “rectificar” los nombres. Cuando vemos lo que está sucediendo con las calumnias y la orden de captura al sabio Mehir, el descrédito generalizado al que lo han condenado los medios, el hecho inconcebible del encarcelamiento de Miriam Macías, nos duele en el alma seguir hablando de la “justicia” y nos resulta imprescindible intentar llamar a las cosas por su nombre. A su vez nos preguntamos…¿habrá dentro del sistema judicial un hombre libre de condicionamientos políticos, un hombre que ame la verdad por encima de los intereses creados, en fin, un hombre justo?

Si observamos el tradicional símbolo de la justicia, podemos ver la ley del equilibrio cósmico y humano plasmada en esa balanza. Cuando una acción rompe ese equilibrio vuelve sobre uno mismo la reacción que se puso en movimiento. En esta idea de lo justo como equilibrio se basaba toda la tragedia clásica griega que intentaba demostrar poniendo en escena los mayores laberintos de la condición humana, las consecuencias de romper el orden, la mesura, la medida justa de las cosas. Intentaba suscitar en los espectadores la catarsis o purificación anímica necesaria para volver a reencontrar el equilibrio perdido. La justicia era la ley inmanente del cosmos: el logos.

¿Cuál es la diferencia entre la venganza, el ejercicio del rencor o el odio…y la justicia?

La Justicia en realidad es la ley de retribución donde cada uno atrae indefectiblemente los efectos que pone en movimiento con sus jugadas o acciones en el teatro de la existencia. Si uno actúa con odio o rencor, por necesariedad, llegarán conmociones en la vida que teatralizarán afuera lo que se puso en movimiento por ideas equivocadas, obsesiones, ideas fijas, que vienen de no poder asimilar ciertas impresiones. Cuando una verdad no se puede metabolizar se produce una especie de indigestión anímica o toxicidad. Queda circulando un veneno, pensamientos y sentimientos equivocados, una mácula en el alma, que atrae finalmente en el mundo de los aconteceres una conmoción, una escena donde la sabiduría de la vida misma intentará descristalizar a través del sufrimiento esos estancamientos anímicos que impiden la evolución natural del ser.

¿Cómo se resuelve un caso de calumnias o injurias como el que está viviendo el Maestro Mehir y la escuela El Cántaro?

Nosotros, en nuestra Idea de Justicia, creemos en la fuerza motriz o dinámica del arrepentimiento, como parte de la conciencia moral que debe ser despertada para reencontrar el equilibrio perdido, y no creemos en las penalidades abusivas del encarcelamiento. No desearíamos ni a nuestro peor enemigo, el que intenta destruirnos, un sistema tan retrógrado y oscuro como un encierro prolongado. Creemos que cuando existen delitos reales que agravian a la moral verdadera debe haber una enseñanza y experiencia correctiva para que la persona tenga una posibilidad de redención. El sistema carcelario actual fija y potencia la oscuridad irredimida del sujeto que erró la senda esencial del hombre. La cárcel actual es un hábitat para todos los abismos del alma, un encierro asfixiante en lo más abyecto de la condición humana, donde no se deja entrar la luz de la esperanza, el amor y la fe. Donde no se deja actuar la luz de la redención. Los antiguos decían: “las cárceles no deben ser moradas permanentes para los hombres.” No desearíamos jamás la cárcel para aquellos que hoy están mintiendo y calumniando como tampoco usaríamos la calumnia para defendernos, actuando de la misma manera reprochable de la jauría ciega.

Sabemos que los que hoy injurian con tanto veneno al maestro Mehir van a vivir sus propias consecuencias desventuradas sin necesidad de que nosotros forcemos nada al respecto. Jamás nos guiarían el odio, la violencia, la venganza. Lo que nos guía es el intento de contemplar las leyes que sustentan todos los fenómenos, y adiestrarnos en fluir con los aconteceres comprendiendo el Sentido. Por eso, la adversidad para nosotros es una forma de fortalecimiento en la fe, buscando un estrato muy profundo del alma que es superior a cualquier contingencia. Es la constancia que es más fuerte que el destino. Es la paciencia que aguarda con tranquila fortaleza, basada en la luz de la verdad. Es la inocencia, la certeza de lo recto que concuerda con la voluntad del Cielo.

Este es un doble llamado: a aquellos seres que erraron mal su camino, para que busquen un sincero arrepentimiento y pongan en movimiento otros efectos para su propia vida. Que recuerden que es muy grave la Mentira. Es una traición a su propio Espíritu. Que cuando uno, por su necedad, se choca contra su propio muro carcelario, no puede escaparse de verse en el espejo de la retribución por el sufrimiento.

Y por otra parte es un llamado a la “justicia”, una invocación para que responda un hombre auténticamente justo. El maestro Mehir es completamente inocente de los cargos que se le adjudicaron y es imperativo que se retiren esas acusaciones falsas y esa orden de captura. No sólo para que pueda libremente regresar al país sino por la necesidad imperiosa de concreción de una obra importantísima para el bien de la humanidad: el instituto educador El Cántaro. La señora Miriam Macías es completamente inocente y estuvo 47 días en la cárcel y su alma está siendo seriamente agraviada por un encierro infame e injusto…

Señores representantes de la Justicia: los antiguos en las culturas sagradas le daban una alta investidura a su función, era una mediación entre las leyes del Cosmos y las leyes de la tierra, para reestablecer el equilibrio moral que se había dañado. La Justicia no estaba separada de la Verdad, el Bien, la Armonía. En las culturas materialistas y escépticas, cuando las leyes no se sustentan en las verdades objetivas y universales del alma humana, y los jueces no tienen capacidad de adentrarse en las profundidades del Amor y las costumbres auténticamente morales, no son legítimos a los ojos de un sabio. Sepan todos, un sabio no huye: se retira del mundo, cuando el mundo intenta destruirlo. Y esa retirada es signo de fortaleza, para provocar, gracias a su inaccesibilidad, estar más allá del avance de la oscuridad.

Señores jueces: este es un llamado que también quiere ser un voto de confianza en su honorabilidad y en la capacidad de redimir todo este escarnio. Esperamos sinceramente que alguien que tenga poder para ayudarnos escuche este llamado y haga retornar la luz al sitio de la Justicia. Que algún auténtico mediador demuestre que en el sistema puede haber conciencia, rectitud, capacidad de enmendar los errores, voluntad para el Bien y amor a la Verdad. Le pedimos a ese ser que coloque en los platillos de la balanza los testimonios de las 4 o 5 personas convocadas para calumniar en esta trampa, y los miles de testimonios que van a pesar en el otro lado de las cosas, testimonios con nombre y apellido, dispuestos a dar fe de la inocencia absoluta del Maestro Mehir y de Miriam Macías, y que jamás fueron solicitados para hacer ninguna declaración. ¿No es evidente que no hay justicia alguna? ¿Habrá alguien dispuesto a restablecer el equilibrio? Porque una cultura donde se llama justicia a la impunidad de un poder corrupto está destinada a sucumbir en su propia iniquidad. Es necesario llamar a las cosas por su nombre. Justicia es Verdad.