Un Templo que jamás podrá ser allanado

Hubo un momento en la historia de la cultura humana que las grandes religiones monoteístas elevaron la conciencia de una humanidad dividida y disgregada en pulsiones divergentes y la despertaron al reconocimiento y adoración de una Única fuente cósmica supraesencial y trascendental de Vida y Conciencia. Hacia Dios, Alah, Tao… Millones de almas aprendieron a elevar su plegaria, en grandes arcas de luz viva que navegaron los tiempos…

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Y en esta hora y en este siglo han comenzado a encenderse las primeras señales de otra gran revolución que principia en la cultura humana: la necesidad inclusiva, fraterna, de comprender que todos los lenguajes religiosos no son más que distintas naves surcando el viaje en un mismo océano hacia el mismo océano… La humanidad grita silenciosamente su anhelo de unidad y paz, de borrar las fronteras del poder que invocan las guerras… En la humanidad comienzan a germinar las semillas de la tolerancia, el respeto a la diversidad, la necesidad de construir una cultura que respete las diferencias, la urgencia esencial de adorar y encarnar el Verbo viviente del Amor y de la Unidad en la multiplicidad… La humanidad comienza a despertar gradualmente en un proceso de intercomunicación planetaria, a la necesidad de integración y conciencia humanitaria más allá de las diferencias culturales, raciales, religiosas, rechazando la discriminación, la desigualdad, la segregación, la inhibición o represión de las libertades individuales…

¿Cabe en algún lugar de esta conciencia inclusiva germinal que comienza su expansión, una “guerra de religiones”, algún fanatismo excluyente o la estigmatización de una filosofía integradora? Sin embargo no estamos planteando una utopía acuariana… Sabemos que siguen los fanatismos religiosos y las guerras de poder, la segregación y exclusión, los asesinatos estridentes y los enmascarados, la injusticia institucionalizada y también las hogueras inquisidoras…

En toda génesis de una nueva dirección, surgen como llamaradas de luz en la oscuridad, las auténticas vanguardias, y al mismo tiempo se levanta la ciega, retrógrada y obtusa defensa del orden establecido amenazado por su inexorable agonía… ¿Podríamos creer ingenuamente que ha muerto la Santa Inquisición medieval? No sólo sigue viva sino que se ha enmascarado en forma tramposa en una persecución discriminadora con fachada de “derechos humanos”, urdiendo sus hogueras legislativas, judiciales y políticas…

El Maestro Mehir fue un idealista humanitario que sembró profundamente en cientos de personas la semilla feliz de la nueva revolución que acontecerá en el todavía lento pero seguro devenir de una nueva era de fraternidad, paz, inclusión, integración, armonía, unidad en la diversidad… Durante décadas de enseñanza, este gran agricultor celeste sembró una filosofía curativa para una humanidad enferma en la desazón del materialismo, la división, la inarmonía y las luchas ciegas de poder. Enseñándonos el lenguaje universal de los símbolos y reconstruyendo la Magna Doctrina que emerge como manantial arquetípico, transcultural y eterno, detrás de los distintos lenguajes de conocimiento, arcas religiosas y tradiciones filosóficas, el maestro Mehir nos fue señalando el camino existencial y pragmático hacia la propia unidad y armonía del ser, así como el sendero de reconciliación profunda en la paz de la Sabiduría, de todas las ciegas divergencias de esta humanidad sumida en una Babel materialista, escéptica y mentirosa que ha perdido el espíritu genuinamente religioso y la autenticidad de una vida intensa y digna.

El Maestro Mehir ha realizado su transición sagrada a otro plano de realidad. Pero paradójicamente no ha “desaparecido” ni podrá jamás desaparecer, mal que les pese a los silenciadores del Verbo… Porque es un hecho indubitable para nosotros, que él ha nacido en muchos… en muchos corazones fecundados por la luz de su enseñanza… ¿Puede morir un idealista que sembró la universalidad de la Filosofía Perenne, la comunión inclusiva de todos los lenguajes religiosos en un único Verbo de Luz? ¿Puede morir acaso el que nos legó como herencia el lenguaje “de los pájaros” y el vuelo abstracto: la comprensión de los símbolos que unen todos los senderos en el camino universal del Hombre a Dios?

En el hexagrama La Desintegración, en el milenario texto sagrado de “Las Mutaciones”(I Ching), letra viva para quien tuvo las claves de la interpretación simbólica y transitó el camino del guerrero (la ascesis de esfuerzos concientes para encarnar el Verbo de Luz), este texto de sabiduría ancestral de la Tradición que describe “el curso circular de la luz”, nos explica cómo, cuando la desventura agota su furia, llegan nuevamente tiempos mejores… Porque todavía queda la simiente del bien. Precisamente al caer el fruto sobre la tierra, de su semilla vuelve a crecer el bien:

“El noble recupera otra vez su influencia y su actuación eficiente. Es sostenido por la opinión pública como por un carruaje. El vulgar, en cambio, sufre la consecuencia de su propia malignidad. Su casa se desintegra. Ahí actúa una ley de la naturaleza. El mal no sólo es nefasto para el bien, sino que en sus últimas consecuencias se destruye a sí mismo; pues el mal, que vive únicamente de la negación, no puede existir por sí mismo.”

La semilla plantada profundamente por el agricultor celeste, vanguardista de una nueva humanidad que llegará a su segura floración en el devenir de los tiempos, jamás podrá ser detenida por un tiempo de oscuridad. El curso circular de la luz, como lo atestigua la poética eterna de los días y las noches en la naturaleza, profetiza por necesariedad de la ley, el renacimiento de la simiente que está esperando en la noche de la adversidad y la injusticia, un nuevo amanecer…

Los discípulos de la escuela “El Cántaro, Aguas de Vida” jamás despedirán a su maestro amado, porque él ha nacido en ellos, en su más profunda intimidad, y llevaran el perfume de su enseñanza en el Teatro Mágico de la existencia por generaciones… hijos y nietos del alma y seres de buena voluntad trasmitirán su antorcha de conocimiento y libertad…

Amado Maestro, en tu última actuación de Prestidigitador de tu Escuela de Misterios, reconocemos la victoria eterna de la Verdad y la Justicia. Porque hay un templo que nunca podrá ser allanado. Está férreamente construido en la luz invencible de los corazones que te aman. Y es invulnerable. Y tenemos esta herencia, una fiesta de la vendimia: tu afirmación de la libertad inalienable de la conciencia humana.

Con todo nuestro amor, tuyos por siempre en la Santa Ciencia.