Una madre de Escuela

 

Soy una mujer que encontró al Maestro Mehir ya adentrada en la vida adulta y con hijos chicos y adolescentes.

Quiero dirigirme a esos padres “tan preocupados” por sus hijos, y les digo con gran experiencia al respecto y conocimiento de causa, muy a mi pesar, que han empezado a preocuparse tarde por sus hijos, los que por destino, gracias a Dios, han encontrado a Mehir. ¡Y ustedes con sus actitudes no hacen más que confirmar en sus hijos su hipocresía e incomprensión, y les prueba también en qué sistema perverso los han criado, que ya adultos todavía inciden en sus vidas de esta forma, hasta arriesgarlos con causas penales y cárcel.

Tal vez sus hijos no han logrado transmitirles realmente nuestros anhelos, nuestros intentos y la necesidad de vivir mejor, por la falta de comunicación pre-existente, lo que ya es una prueba para ustedes de sus errores como padres.

¿O aún se engañan a si mismos con la mala calidad de sus vidas solo compensada por bienes materiales?

Deberían ponerse una mano en el corazón y plantearse si por su orgullo o por su ceguera quieren para sus hijos una vida igual a la suya. ¿O cualquier otra forma que no sea su propio modelo de vida es mala? Desde el prejuicio y la discriminación están atacando las libertades individuales de sus hijos, intentando no dejarles ser las personas que quieren ser.

Despierten, padres, sean sinceros consigo mismos, toda esa proclama de amor y preocupación por sus hijos es una falacia de su propia incapacidad de haber sido buenos padres.

Dense una oportunidad a sí mismos y a sus hijos replanteándose sus motivaciones y confiando en las elecciones libres de sus hijos adultos, a muchos de los cuales Mehir y su enseñanza los sustrajo de la droga, de caminos equivocados, en fin, de una mala vida. Y si logran despojarse de su orgullo equivocado y empecinamiento, traten de saber realmente de qué estamos hablando.

De otra forma les digo que su amor a sus hijos no es tal, sino que oculta otros sentimientos y proyecciones que harían muy bien en observar por ellos y por ustedes mismos. Esto pasará, como todo es efímero en esta vida, pero vivirán el resto de sus días con el gusto amargo y frustrante del desamor y la incomprensión.

Apelando a lo que Mehir propició siempre en nuestras vidas: no envenenarnos con odios huecos y malos sentimientos, les reitero este llamamiento a la sensatez para que den marcha atrás a esta parafernalia absurda y maliciosa que sólo dejará obscuridad en sus vidas.

Con fe en Dios y en la bondad humana reflexiono sobre todos ustedes, y espero una instancia mejor para sus vínculos con sus hijos.